Los amores de Will (VII): la puesta de sol

Vamos con el séptimo soneto de William Shakespeare.

Después de comparar la existencia humana con las estaciones del año, ahora le toca al bueno de Will compararla con el día: la mañana es la juventud y la tarde la madurez, con la puesta del sol simbolizando la muerte. Sigue insistiendo en el tema de que el bello joven tenga descendencia que haga eternas sus virtudes, más allá del ocaso.

Sonnet VII
Lo! in the orient when the gracious light
Lifts up his burning head, each under eye
Doth homage to his new-appearing sight,
Serving with looks his sacred majesty;
And having climbed the steep-up heavenly hill,
Resembling strong youth in his middle age,
Yet mortal looks adore his beauty still,
Attending on his golden pilgrimage:
But when from highmost pitch, with weary car,
Like feeble age, he reeleth from the day,
The eyes, ‘fore duteous, now converted are
From his low tract, and look another way:
So thou, thyself outgoing in thy noon
Unlooked on diest unless thou get a son.

Soneto VII
¡Mira! En oriente cuando la graciosa luz
eleva su ardiente cabeza, todo aquel que contempla
rinde homenaje a su inédita imagen,
sirviendo con la mirada a su sagrada majestad;
y habiendo escalado la empinada colina celeste,
aparentando fortaleza juvenil en su madurez,
aún las miradas mortales adoran su belleza,
concentradas en su áureo peregrinaje:
pero cuando estando en el cénit con cansado carruaje,
como en edad de flaqueza, se aleja del día,
los ojos, antaño serviles, son ahora transformados
por su fase declinante, y miran hacia otro lado.
Así que tú, adentrándote en tu mediodía,
morirás sin contemplación, si no tienes un hijo.

Traducción personal de Pablo Rodríguez Canfranc

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Pablo Rodríguez Canfranc

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