Lo irreal de la realidad – por ELENA SILVELA #misescritos

Me vuelven a operar, ha surgido un nuevo problema en el ovario derecho. No sé si es un quiste, tumor o pólipo. No quiero saberlo. Simplemente sigo el procedimiento, que ya me resulta familiar, es la quinta vez. La intervención quirúrgica tiene lugar donde siempre, en la Terminal 2 del Aeropuerto de Barajas. Allí, en esa tienda preciosa de moda que se ha reconvertido en hospital. Mi familia se arremolina alrededor de la estancia. Es el protocolo de cada vez. Ya estoy tumbada en la camilla y me están preparando. No estoy casada, pero recibo la llamada de Luis desde Barcelona. Ya estoy aquí, contigo, me dice. Tranquila. Todo va a salir bien. Sólo es sedación. Mientras contesto un gracias, pienso en la ridiculez de creerse que una persona nos acompaña cuando en realidad está a cientos de kilómetros. Naturaleza humana endeble que se aferra a un tronco, aunque sea de plástico. Me dejo llevar por el líquido que penetra en mis venas.

Un tiempo breve después, quizá un mes y medio. Ha vuelto a surgir un problema. En el mismo ovario. Hay que volver a operar. Y estoy llegando al mismo lugar de la T2. La misma familia arremolinada, el mismo quirófano. Mi conciencia me dice que confiese, hace una hora me comí una pera incumpliendo el ayuno prequirúrgico. En realidad, no quiero que me operen otra vez. El “no es nada” resuena en mi cabeza como una gran falacia. Estoy a punto de darme la vuelta y correr, pero me acobardo. Tampoco digo nada de esa jugosa pera conferencia. La llamada tranquilizadora de Luis desde Barcelona que no me tranquiliza lo más mínimo. Estoy aquí contigo, tranquila. Y una mierda, estás lejísimos. Sedación. Mente en negro.

Tras el despertar ya me puedo ir. Me pasa revista la enfermera y me instala un pequeño aparato en la cadera, con una aguja minúscula que inserta con habilidad. Yo sé que es morfina a pesar de que nadie me lo revele. “¿Este aparato ya lo has llevado desde la anterior operación, verdad? Es muy importante.” Le respondo que no. Es la primera vez que me lo ponen. Estoy muy asustada. El médico ha escuchado la conversación y se apresura a venir. “¡Cómo que no se lo han puesto tras la anterior intervención! ¡Era fundamental!” De un puñetazo incrusta su mano en el panel de prescripciones. El pánico me llega a oleadas de grandísima marejada. No hay llamada de Luis. Nadie viene a estar a mi lado.

Por fin logro despertar del sueño.

 

Fotografía de Elena Silvela

Elena Silvela

Elena Silvela Ha publicado 320 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *