Llamarse “Managing Director”, por CRISTINA LÓPEZ SCHÜMMER – #historias

Dicen en los pueblos que “cuando un tonto coge una linde se acaba la linde y sigue el tonto”. Esto es exactamente lo que le está pasando a mi jefe. Bueno… no sólo a mi jefe sino a todo el management ; y es que ahora hay que decirlo en inglés. Si no lo dices en inglés, no suena importante; y es que, que te llamen “director“ suena fatal.. En cambio, “manager”… Joooo, ¡qué maravilla llegar a casa y decirle a tu mujer: “esta noche te invito a cenar que me han hecho “Managing Director del bibibiai”!

Bueno, que me desvío del tema: Al “management” le ha dado por hablar de que hay que ser positivos, y es que desde los años 80 el management ya no se centra en la empresa racional, en hojas de cálculo, árboles de decisión, análisis concienzudos de toma de decisiones… No, eso ya no se hace; ahora la palabra que usan es “liderazgo”. Ahora el CEO y los altos ejecutivos no están ahí para analizar y planear sino para inspirar… Se han convertido en predicadores “motivacionales”. Tienen una labor de animadores de feria -¡pobres… años y años estudiando ingenierías, másters caríííísimos… para terminar siendo directores de circo de los de: “señoras y señores, ahora van a ver la gran maravilla: caballos perfectamente amaestrados capaces de llevar sobre su lomo a bellísimas señoritas haciendo el pino …”- (todavía lo recuerdo bien de mi infancia, aquellos caballos idiotas dando vueltas al rededor de la pista con un plumero de colores en la cabeza … nunca me gustaron…), y convencernos a todos nosotros de que trabajemos más duro a cambio de menos sueldo y ninguna certeza. Son vendedores de optimismo fabricado. Recuerdo cuando mis jefes valoraban mi manera de trabajar, mi productividad, mi esfuerzo o eficiencia y todos éramos diferentes. Había gente divertida y gente aburrida, creativa o tenaz, culta o inculta, hormiguita o imaginativa, adusta o alegre, y todos teníamos cabida en la viña del señor. Ahora, todos tenemos que ser optimistas y positivos. O sea, que los jefes se han vuelto además psicoanalistas y, sin que tú quieras tumbarte en el diván, se permiten la ordinariez de comentar tu personalidad, ese bien tan preciado con el que tú has nacido y del que te sientes orgulloso porque dicen que se parece a la de tu abuelo paterno…

Y es que los jefes además no leen, porque si leyeran habrían podido superar la influencia nefasta que tuvo aquel patético bestseller de “Quien me quitó mi queso”, una escuela de pensamiento que ha creado una población conformista y positiva que tiene que aceptar que si algo va mal en su vida es por su propia culpa, porque no ha querido tener una actitud lo suficientemente positiva para superar la adversidad… En cambio, se acordarían de aquel “Un mundo feliz” de Huxley que describe una cárcel sin muros en la cual los prisioneros no soñaban con soñar, ni eran críticos con sus vacías vidas, gracias todo ello al sistema de consumo y al entretenimiento; un mundo condicionado genéticamente para que todos fuesen felices y donde los descontentos con el sistema (los menos) fueran apartados de la sociedad ideal y confinados en colonias especiales donde se rodearían de otras personas con similares “desviaciones”, alcanzando también la felicidad artificial.

Pues eso, lo dicho: “When a silly takes a linde the lindes finishes and the the silly continues…”

managing director

Cristina López-Schümmer

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