Libros que leer cuando solo puedes leer – por LUIS CASAS LUENGO

El esguince ha reducido mis opciones a dos, o quedarme en casa a escribir una nueva versión de Oceanografía del Tedio  o bajar La Boutade a por algún libro que me acompañe en estas horas de intenso dolor.

¿Intenso dolor un esguince? – duda Paco, El Polí – Un poco nenaza te veo, Abogado.

No entro en provocaciones con la autoridad desde que me manifesté contra la OTAN, así que me callo y me apoyo en la sección de Memorias y Épicas.

Como me tires el puesto, encima cobras– Me dice, toda ella empatía, Mercedes.

Ya podrías poner un silla para tus mejores clientes y no reírte de ellos- Me reivindico.

Reivindicación sin dignidad. Muy bonitos y tal los adoquines en la Parte Antigua pero probad a apoyar en ellos un pie hinchado y abominaréis de este patrimonio impostado.

Anda Paco, pide una silla en el bar ese– Concede Mercedes.

Paco El Poli obedece y le miro con agradecimiento.

Me relajo: Piso, duele, retraigo, apoyo y el puesto cruje.

¿No podrás estarte quieto? – Pero al tiempo en que Mercedes me riñe, me sujeta – ¿Para que coño quieres la muleta?

Ni idea de como funciona este artefacto. Ya podría acercarse Doña Elena a enseñarme cómo se usa.

No si al final movilizas a todo el barrio con la tontá de la torcedura. Como conviertas esto en la sala de espera del ambulatorio, te leo “Rayuela” en voz alta.

Como poder huir de tan cruel amenaza, puedo. Pero a velocidad de reforma constitucional. Así que mejor me callo que ya va llegando Paco con la silla.

Me siento con un suspiro de alivio y se lo agradezco al Poli, que hay que ver lo que ha cambiado la autoridad desde que la autoridad sabe leer y lee.

¿Que le apetece hoy al señorito? ¿Largo?,¿Corto?,¿Grande o pequeño?, ¿Frío o caliente?

Largo, pequeño y frío. Que me dure. Que no pese mucho. Y frío, que no me desvele.

Por el peso no te preocupes. Los cargas en en una mochila que tengo ahí. Si el sexo te desvela, tienes otro problema. Pero ya te psicoanalizo otro día, hoy no tengo cuerpo de recomponer a nadie.
– ¿Tan mal me ves, Mercedes?

Mercedes me mira y temo lo que pueda ver Mercedes. Tuerce el gesto con pena.

Pero no es culpa tuya, Abogado. En Sevilla con 40ºC y sin movilidad, hasta Paco se pocharía…lo que es difícil.

– Gracias Mercedes.

– De nada , rey.

– ¿Podéis dejarlo?

No te pongas pesado que ya me ocupo de ti. A ver de convalecientes, así sin pensar, te puedes llevar Adiós a la armas pero es cortita y supongo que la habrás leído ya.

Y además– le digo- no tengo enfermera que me cuide.

¿Algún libro de auto ayuda, quizás? De esos de superar adversidades y tal- Mercedes duda- No sé que pasa con ellos. O bien son efectivos y la gente con leerlos una vez, aprende y los vende o no funcionan y por eso los venden. Paulo Cohelo debe tener mucho éxito… me los traen a carretadas. Mira este: “El camino a Santiago”. Andar no puedes, pero creo que el camino es espiritual, así que lo mismo te vale. Las dificultades, enfermedades y quiebros hay que tomarlos con positividad, proactividad…

Y de paso te vas librando de la morralla ¿No? La torcedura fue en el tobillo no el seso.

Tenía que intentarlo, Abogado.

Lo importante – tercia Paco- es no acabar trastornado. O que el trastorno no vaya a más durante el encierro. Así que tampoco te sirven dramas carcelarios. Dicen que la novela “El hombre de Alcatraz” es mejor que la película…

– Oye Paco, ¿tú con quién estás, rey? – Le corta Mercedes– A ver si ahora resulta que me vas a tener media vida buscándole a este un libro que no se editó en España. Esto es una librería de lance no la Lámpara de Aladino.

Eso os pasa por intentar amargarme la convalecencia.

– No, lo que queremos es que la aproveches.

Y para aprovecharla o me condenáis a perpetua o me laváis el coco con auto-ayuda.

También está el síndrome De profundis. Wilde lo escribió en la cárcel ¿Por qué no aprovechas y escribes tus más íntimos pensamientos? Luego nos los pasas que nos echemos unas risas. Lo que pueda pasar por la cabeza de un abogado cuando no tiene un caso a mano, puede dar mucho juego ¿verdad Paco?

Digo.

Me levanto con dignidad. Piso, duele, retraigo, apoyo y el puesto cruje.

No si al final, un río de libros inunda la Calle Feria. A ver si con poesía te entra en la cabeza de una vez: ¡Estate quieto coño!

Obedezco y me siento. Parece que lo que necesito son órdenes cortas y precisas. Ensayo cara y voz de sumisión: De viajes he leído poco. Como antes los viajes los hacía yo….

Mercedes se sube los pantalones, otra forma de arremangarse en verano cuando llevas camiseta de tirantes.

Por fin dices algo interesante – Pero me mira suspicaz- ¿No querrás viajes interiores, verdad? Mejor, te voy a llevar adonde no has estado nunca y donde has estado viendo sin ver.

Paulo Cohelo debería aprender de Cees Nooteboom lo que es un viaje iniciático . El desvío a Santiago es la mejor declaración de amor a un país que se ha escrito en décadas. Nooteboom pensaba que era Italia el país de su vida, él, el pobre, que venía de la gélida Holanda. Hasta que, según dice, descubrió España. Ingenuo holandés, tan mediatizado estaba por su Guerra de los Ochenta Años que nos hacía a todos Duques de Alba, espadón de herejes. Sólo por su descripción de Albarracín y el peo de la señora ante el Camarín de la Virgen de Guadalupe mercería leerse en secundaria. Vale, un poco escatológico, pero como versión hispana del Síndrome de Stendhal, no tiene precio.

¿Voy bien?

Asiento.

– Pues sigo.
Tan concienciado como estás, tú tan de secano, con lo que ocurre en el Mediterráneo, tienes que leer a Maalouf  . Llévate El viaje de Baldassare para que sepas lo que fue Oriente Próximo. Pero ojo, no mitifiques el Líbano, esa mistificación ya la hace Maalouf en Orígenes. Esto es un viaje a los vínculos que luego ya se encargaron otros de decir que no existieron o que no eran suficientes. El para qué no son suficientes, ya lo sabes tú sin que yo te diga nada. Un libro no va a poner las cosas en su sitio, pero es una maravilla descubrir que hacían los genoveses en el Imperio Otomano, a parte, todo sea dicho, de construir torres en Estambul, claro.

No les des más, Mercedes– rompe Paco- que es un esguince leve. Le dan el alta en ná y luego no tendrá tiempo para terminarlo.

– Solo uno más.
Me llegó ayer. Y mal está que yo lo diga, pero a veces no entiendo cómo alguien puede desprenderse de ciertos libros. No lo supieron leer, supongo. Pero este es un país de extremos y quien se libra de las tontás positivas, también se deshace de maravillas. Así nos va ¿no creéis?. Que paisanaje. Nos sobran tantas historias y tanta Historia. Nunca se ha leído Historia en este país, a mi me lo vais a decir, que no revendo…
– Para ya– rompo yo.

Mercedes me mira desafiante.

Una pista: Narra la primera expedición que hizo deporte extremo por aguas bravas.

¡Mercedes!

– Cómo sois los adictos, dios. Por impaciente, te leo el final. ¿Se dice spolier?:

Nada encontrarás en tus viajes que no estuviera desde siempre contigo, y cuando te enfrentes con las cosas más desconocidas descubrirás que fueron ellas quienes arrullaron tu infancia.

Y sin más, me lo alcanza. El país de la Canela de William Ospina.

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Luis Casas Luengo

Luis Casas Luengo Ha publicado 19 entradas.

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