Las vueltas que da la vida – por PEDRO PABLO MIRALLES

Al fin se decidió a poner el siguiente mensaje en las dichosas redes sociales: “Si alguien sabe algo de mi amigo de la juventud Joaquín López de Palma Giordano, compañero de colegio y juventud en Madrid y que en la década de los setenta parece que se fue a Latinoamérica en busca de unos familiares, por favor díganmelo. Gracias. Pablo Ruiz Picabea”. En una semana recibió medio centenar de respuestas absurdas y frívolas que no vienen al caso, pero dos resultaban desconcertantes y contradictorias, “Joaquín falleció en Buenos Aires en 1984 pero, por favor, no me responda a este mensaje” y la otra decía, “Pablo, soy Joaquín, nada quiero saber del pasado ni de la madre patria y ahí estás incluido, solo te contesto por cortesía y para tu tranquilidad. Ciao”.

Pablo contestó de golpe a todos los mensajes con el mismo texto, “Gracias por atender mi petición y tomo buena nota de lo que me dice, por mi parte voy viviendo y ¡olé!”. Durante una buena temporada siguió recibiendo respuestas a su primera misiva y todas iban directamente a la papelera, casi todas sin leer. Y las vueltas que da la vida, un amigo común al que llamaban “el Botas”, enterado de esa búsqueda fue a ver a Pablo y le dijo que sabía por terceros del paradero de Joaquín, trabajaba como empleado en una hacienda dedicada a la agricultura y ganadería en Santa Rosa, la Pampa, Argentina. Allí vivía desconectado de todo el mundo anterior, después de haber pasado nueve años en el infierno carcelario brasileño Anisio Jobim de Manaos, condenado por un delito de tráfico de estupefacientes que nunca cometió. A España la había borrado del mapa con todos sus vivos y muertos.

 

Santa Rosa, La Pampa.

Pedro Pablo Miralles

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