Las ovejas de barro – por CRISTINA LÓPEZ-SCHÜMMER

En un Nacimiento, las ovejas siempre deben ser de barro. Bueno, en un Nacimiento todas las figuras deberían ser de barro, creo yo. Así son más como nosotros ¿no estamos nosotros también hechos de barro? Observad a un niño asomarse de puntillas a una mesa tapizada de musgo y hierba -yo siempre pongo hierba, me divierte ver como va amarilleando según avanza la Navidad – y contemplad la seriedad y el respeto con el que mira, con ojos brillantes, a las figuritas que se esconden entre una choza y una fuente; que se asoman a un puente o a la puerta de una casita de corcho o del castillo de Herodes; que reposan al amor de la lumbre o bajo la rama de un árbol. Allí, un pastor perezoso apoyado en el tronco de una encina – siempre elijo con mimo y profesionalidad germánica (como no podía ser de otra manera) ramas de encina que parezcan centenarias y las pincho en ese suelo mullido para simular una dehesa extremeña, o un monte mediterráneo, cuando me da por cortar ramas de pino. Allí una oveja Blas de Lezo apoyada en una pata de alambre en lugar en una pata de palo. La mano del niño se acerca con respeto a las figuritas de barro, de tacto cálido y suave, que han ido adquiriendo con los años el brillo que dejan las caricias. El sabe que a la oveja a la que le falta la pata y cuyo alambre la mantiene aun más o menos digna cerca del pastor podría dejar de estar entre las demás el año siguiente si él la rompiera. El niño recuerda que el pastorcillo arrodillado ante el portal, al que le falta una mano, se le cayó el año anterior por no tratarlo con cuidado. El niño evoca, cada vez que levanta una figurita, sus rodillas pintadas de mercromina. Un Nacimiento no puede estar hecho de plástico. No. Tampoco con figuras de Lego.

Belen Divina la Cocina
Belén del restaurante “Divina la Cocina”

Cristina López-Schümmer

Cristina López-Schümmer Ha publicado 38 entradas.

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