Lanzarote

Lanzarote es la más septentrional y oriental de las islas del archipiélago canario. Una isla condicionada por la climatología y geología: un clima de lluvias escasas y aire seco movido por los vientos de alíseos y del Sahara y una tierra marcada por su origen volcánico en la que parece un milagro que nada pueda crecer.

Eso ya lo sabía, o quizás nunca lo supe porque para mí Lanzarote era una niña, el amor dividido o el simple amor, qué se yo. Pero sobre todo Lanzarote era un paisaje, una vista de pájaro de una cámara de cine que recorría los grandes hoyos cavados en la capa volcánica, como cráteres de una luna negra en esa isla del archipiélago canario tan marcada por su origen volcánico que parece un milagro que nada pueda crecer pero en la que sin embargo nacen las vides como milagros que brotan de los cráteres negros; milagros alimentados por la propia muerte inútil para dar vida a las raíces y sin embargo tan hábil para retener la escasa humedad de la noche y filtrarla hacia el terreno a la vez que hace de barrera a la evaporación durante el día o que el agua continúe su viaje imparable de Julio Verne hacia el centro de tierra mientras todo ese conjunto, tan bello como extraterrestre, lo protegen los muretes que trazan una media circunferencia: lunas de piedra en la luna negra que protegen las parra de los vientos, aquellos secos, que tanto pueden maltratarla como secarla.

Así crece la uva: la malvasía, en perfecta contraposición a la negrura de la isla, como racimos antónimos de pequeñas uvas blancas, delicadas y de escaso rendimiento pero, tan equilibradas, intensas y perfumadas que cada una de ellas, por pequeña que sea ha de ser celebrada como el éxito de quien vence todos los condicionantes naturales y externos y simplemente es. Uva o persona.

Eso sé que nunca lo supe porque para mí Lanzarote era una niña, el amor dividido o el simple amor, qué se yo. Pero sobre todo Lanzarote era un paisaje, una vista de pájaro de una cámara de cine que recorría los grandes hoyos cavados en la capa volcánica, como cráteres de una luna negra en esa isla del archipiélago canario tan marcada por su origen volcánico que parece un milagro que nada pueda crecer pero en la que sin embargo nacen las vides como milagros que brotan de los cráteres negros, cráteres de una luna negra que alguna vez soñé pisar.

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Emilio Pardo

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