La tarde

Me dispongo a pasar la tarde. Conmigo misma, mis pensamientos y sensaciones. Suspiro y entrelazo las manos. Aprieto los dedos gordos, con fuerza, contra los nudillos. Aflojo al poco porque estoy haciéndome daño. Vuelvo a suspirar. El nudo en la garganta no es muy grande, pero nunca se va. Muevo las piernas y cambio de postura en el sofá. La tele emite murmullos al fondo del salón, mis pensamientos parlotean en revolución. La mirada se marcha de excursión, más allá del ventanal y se mueve al compás de las ramas del árbol. Se balancean las hojas amarillas, verdes y marrones; mecidas por las rachas de viento. Los colores del otoño son preciosos. Pero no es el momento de apreciarlos. Por el contrario, los encuentro lánguidas, como mi ánimo. Las emociones negativas tienen la propiedad atrayente de mimetizarse, de empatizar…

ldc43Ahora las manos están a cada lado de mi cuerpo, sobre el sofá. Aprietan la tapicería a intervalos. Pongo los pies encima de una de las banquetas. Cruzo las piernas, es una manera de protegerse de la intemperie, de arropar la ansiedad. Intento concentrarme en el programa de la televisión. Pero no capta mi atención. Nada parece suficientemente interesante. Suficientemente importante. La preocupación, ese sentimiento tan a destiempo, lo inunda todo. Anula la percepción, destruye la risa. Es una muerte lenta, neurona a neurona. Nanomicra a nanomicra. Dicen que no merece la pena preocuparse, pero es una emoción inevitable. Se asienta en uno y se hace fuerte. Ronronea a su dueño de forma constante. Nunca llega a chillar, pero ahí está, deja el aliento en la nuca. Invisible y permanente. Puedes dejar de sentir su presencia si logras que la distracción externa sea lo suficientemente poderosa. 

Han pasado muchos meses. Mi marido sigue sin encontrar trabajo. Ha tenido que cerrar su empresa, por consumo inexistente y ruina evidente. No hay prestación por desempleo. No hay nada. Vacío. Únicamente existe una esperanza. Tiene forma de empleo nuevo o golpe de suerte. Que puede personarse en casa. Llamar al timbre y acabar con esta marea de fondo interminable. O no hacerlo jamás. 

Ya ha comenzado a nevar en algunas ciudades de España. Hay que prepararse para el invierno.

Elena Silvela

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One comment

  1. Porque se de lo que hablas, solo,puedo decirte que seas fuerte, aun mas, porque lo necesita, porque eres su compañera, porque ese es ahora tu sitio. Vendràn tiempos mejores, por lo menos mejores que estos, pero tu siempre serás su compañera.

    Un beso fuerte

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