La salud es lo que importa – por RAFAEL DE LA TORRE

Cuando ayer, domingo, sonó el móvil maldije al teléfono y a mí a partes iguales por no haberlo cambiado a “modo avión” —sin posibilidad de que le llegue información externa— como hago todas las noches que no me acuesto borracho.

Creí reconocer la voz de mi hermana pequeña, anfitriona el día anterior en su fiesta de cumpleaños y hostil despertadora en la mañana de merecida resaca.  A pesar de mi estado detecté su nerviosismo, pensé que le habría sucedido algo a nuestra madre, ya bastante anciana, pero me equivoqué.

— ¿Te he despertado?

— No — mentí aunque el gruñido gutural indicaba lo contrario

— Luis ha sufrido un infarto. Estoy en urgencias de…

Me sorprendió pues Luis es de acero. El sábado él fue el alma de la fiesta, pura vitalidad. Salí de inmediato hacia el hospital. Por mi cuñado daría sin dudar el brazo derecho, es de esa gente que ya no existe, de los que jamás te dejan tirado, de los que si dicen que van a comprar tu libro lo compran, de los que te ayudan siempre que pueden. Incluso es un buen jefe y esto lo atestiguo pues dependo de él, aunque nadie en la oficina conoce nuestro parentesco; me rescató de la cola del paro y nunca hemos juzgado oportuno hacer público el lazo familiar que nos une para evitar envidias y suspicacias.

He de reconocer que Luis también tiene sus defectos: fuma como un carretero a causa del estrés, está pasado de peso y trabaja en demasía. Bien mirado, sí era un candidato al infarto.

Hoy, lunes, deberíamos haber coincidido en una reunión de trabajo en la oficina pero, como yo ya sabía, Luis no estaba. Le he preguntado a Norberto, su adjunto, que por qué no habían cancelado la cita dada la situación y me ha respondido que cómo me había enterado. Pensé en responder, “coño, imbécil, es mi cuñado” pero lo he sustituido “por alguien me ha contado lo del infarto”.

— Es mejor que nadie esté al corriente — ha contestado Norberto con ese tono de plañidera que consigue sacarme de mis casillas — Disminuiría la productividad de los empleados.

A la hora de cerrar este relato me acaba de llamar mi hermana. Salgo para el tanatorio. Supongo que en la empresa contratarán a alguien para que nadie note que Luis ha fallecido, con todos los efectos laborales secundarios que ello conllevaría.

 

Rafael de la Torre

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