La respuesta pacífica a la violencia y el perdón – por PEDRO PABLO MIRALLES

La violencia, sea del tipo que fuere y quien la practique, es la actividad más execrable del ser humano porque conduce a su destrucción, no tiene justificación posible. A veces se practica por unos pocos para causar daño a muchos, incluso a colectivos o sociedades enteras y también, de forma permanente, se llega a practicar por muchos para causar estragos a otros muchos o a unos pocos.

Contra la violencia no hay nada más eficaz que la respuesta pacífica, no violenta, serena, profunda y sincera, generosa y respetuosa con el próximo en toda circunstancia y situación, sin distinciones, única forma de encontrar solución a los problemas que la genera. Esa respuesta pacífica no se compadece con la manipulación, el oportunismo, los aspavientos, el griterío y el alarde de la fuerza.

La historia acredita que cualquier pretexto egoísta puede producir violencia, las más de las veces de formas tan sutiles como diabólicas, incluso con la pasividad, el visto bueno y el aplauso implícito o explícito de las colectividades más variadas, que la asume y admite como si nada tuviera que ver con ella, aun a sabiendas que sin ese sustento los violentos lo tendrían más difícil o incluso imposible.

Si resulta muy expresiva la frase que afirma que la violencia produce más violencia en una espiral hasta el infinito, más cierto y certero es que la respuesta pacífica a la violencia es el cauce por excelencia para acabar con ella. La respuesta violenta a la violencia está teñida por la esencia de la venganza y esta es tan horrible y nociva como aquella.

Los violentos siempre tendrán por delante el reto de llegar a pedir perdón por el daño producido y, quienes sufren y han padecido su violencia, podrán aceptarlo o rechazarlo. Por su parte, en la respuesta pacífica de quienes han sufrido o padecen la violencia, difícilmente podrán evitar plantearse ofrecer perdón a los violentos, lo acepten o no.

En el logro de la armonía en y entre esas actitudes y comportamientos pacíficos, que han de ser escrupulosamente respetuosos con la dignidad del próximo, reside el comienzo, solamente el comienzo, de las soluciones duraderas a los graves problemas que genera la violencia en la humanidad.

 

Pedro Pablo Miralles

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