La preocupación de un buen amigo – por PEDRO PABLO MIRALLES

Me da mucho que pensar el correo electrónico que he recibido de un viejo y muy buen amigo de la infancia, con mucho mejor cabeza que la mía tan desgastada, en el que desde su tranquila estancia veraniega mediterránea, me expresa su preocupación porque no sabe si encaja en alguna de las divisiones clasificatorias que al parecer hacía en mi anterior texto publicado en Las dos Castillas titulado “la mentira del veraneo obligado en el mes de agosto”. No era mi intención inquietar a un amigo del alma ni hacer divisiones clasificatorias, solamente pretendía destacar cuánto hay de mentira en eso de las vacaciones agosteñas en una sociedad tan consumista y competitiva de la idiotez.

Disfruto del silencio que me rodea. Me quedo pensando y no se como remediar la preocupación innecesaria e inmerecida que he causado a tan buen amigo. Pero con este nuevo texto que sin duda leerá el jueves, no me cabe duda de que bien sabrá sacar las conclusiones de la mentira que intento denunciar y me consta compartimos. Para evitar el calor que hace en este momento tengo apagadas todas las bombillas, he dejado abierta la ventana que da a la calle sombreada, el visillo blanco tapa suavemente la luz que entra del exterior y pueda disfrutar de esa ligera brisa marina que yo percibo con frecuencia en territorios lejanos al mar aquel donde se encuentra de vacación mi buen amigo. A ratos pierdo la mirada en el reflejo de la ventana con su visillo y la suave brisa marina, que se instalan en la pantalla del televisor apagado y en alguna medida expresa ahora mi desdibujado sentimiento.

 

 

Pedro Pablo Miralles

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