La noche sangrienta de París, por CRISTINA LÓPEZ-SCHÜMMER – #opinión

En estos días, desde que ocurrió el atentado, he vivido pegada a las noticias. He leído la prensa, he visto telediarios y he oído la radio. Como si se tratase de una gigantesca obra dramática, he visto subir al escenario a muchos personajes: He oído a los supervivientes hablar con los ojos muy abiertos de su terror y de una experiencia que les marcará de por vida; he seguido ininterrumpidamente las pesquisas de la policía y sus rastreos por París, Bruselas y Aquisgrán; he visto a pianistas arrastrar sus pianos para tocar Imagine aparcados en una acera y a espontáneos entonar la Marsellesa; he visto lágrimas brillar en las mejillas, y ojos anegados y brillantes al depositar ramos de flores como queriendo enterrar con ellos la sangre roja. Turistas italianos, españoles, mexicanos…me han contado que la Torre Eiffel está cerrada, que hay mucha policía en la calle, que se respira dignidad, indignación y miedo… ¿Sabéis lo que he echado de menos cuando he leído uno y otro y otro periódico¿ (me pregunto si habré leído los correctos…) ¿Lo que he echado en falta cuando he visto, cada tarde y cada noche, las noticias en la TV, o las he oído en la radio? ¿Habré encendido la TV en los canales correctos? ¿Habré sintonizado la emisora que debía?

He echado de menos a los héroes. A todos aquellos que dejaron de correr para ayudar a los otros. Los que en lugar de huir se pararon y vieron que no estaban solos. Del vídeo de la huida de la sala Bataclan se me han prendido dos escenas en la retina, en una se ve a una mujer a punto de perder las fuerzas, colgada de una de las ventana hasta que un hombre la sujetaba por manos. ¿Quién era él? En la otra se ve a un chico arrastrar un cuerpo inerte que deja un reguero de sangre en el asfalto, la gente corre y huye pasando a su lado mientras se oyen los disparos y los gritos; él avanza con lentitud arrastrando su carga herida, sin ayuda, reprimiendo el miedo o el deseo de soltarla.

Hoy, cuando pienso en la noche sangrienta de París, ellos ocupan en mi gigantesca obra dramática uno de los papeles más importantes y nadie ha hablado de ellos. Decía Ortega que “mientras el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede destigrarse, el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse” y ese silencio nos acerca un poquito más aun a ese deshumanización.

eiffel

Cristina López-Schümmer

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