La mezquindad del infierno – por PEDRO PABLO MIRALLES

Las tinieblas, el fuego y el sufrimiento son el infierno al que nos dijeron y todavía dicen algunos que están destinados en el más allá los que aquí han transgredido determinadas normas establecidas y por eso son pecadores merecedores de tal castigo. De este mensaje del miedo, terror y horror imbuido de forma mezquina a sus fieles, han vivido mucho las tres religiones hermanas monoteístas, la católica, la musulmana y la hebrea, esta última de forma un tanto ambivalente.

Pero ese infierno no existe, ni tampoco el más allá tenebroso. Muy al contrario, el infierno es lo que pasan muchas personas y colectivos en vida por causa de la desigualdad. La muerte y el más allá es la continuidad infinita del más acá, ese viaje maravilloso que todo ser humano ha de emprender en el que no cabe el miedo, el terror ni el horror y menos la desigualdad sino todo lo contrario. Vida, alma y muerte inseparables, unidas en el todo infinito y universal.

Después de lo dicho, quizá se pueda entender mi atracción y simpatía por el monumento al Ángel Caído del parque del Retiro en Madrid, con fuente incluida, escultura realizada en 1877 por Ricardo Bellver sobre un pedestal concebido por Francisco Jareño. La belleza del monumento y lo que representa, conmueve el alma y garantiza que, aquel que lo visite, no es imposible que comprenda que el infierno es pura invención producto de una interesada y torcida lectura e interpretación de las escrituras sagradas y otros textos religiosos, en suma, una mezquindad.

En ocasiones me da a mí por pensar que, cuando logro escribir, es posible que me inspire un ángel de cualquiera de sus coros, caído o sin caer.

 

Pedro Pablo Miralles

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