La mañana de la batalla de Agincourt

[ENRIQUE V dirigiéndose a las huestes inglesas]:

«Este día es la festividad de Crispín:
El que sobreviva a este día y vuelva sano a casa,
Se pondrá de puntillas cuando se nombre este día,
Y se enorgullecerá ante el nombre de Crispín.
El que sobreviva a este día, y llegue a una edad avanzada,
Agasajará a sus vecinos en la víspera de la fiesta,
Y dirá: ‘Mañana es San Crispín’.
Entonces se alzará la manga y mostrará sus cicatrices
Y dirá, ‘Esta heridas recibí el día de Crispín’.
Los viejos olvidan: y todo se olvidará,
Pero él recordará con ventaja
Qué hazañas realizó en ese día: entonces recordará nuestros nombres.
Familares en sus labios como palabras cotidianas
Harry el rey, Bedford y Exeter,
Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester,
Se recordarán entre sus jarras llenas como si fuera ayer.
El buen hombre contará esta historia a su hijo;
Y nunca pasará Crispín Crispiniano,
Desde este día hasta el fin del mundo,
Sin que nosotros seamos recordados con él;
Nosotros pocos, nosotros felizmente pocos, nosotros, una banda de hermanos;
Porque el que hoy derrame su sangre conmigo
Será mi hermano; por vil que sea,
Este día ennoblecerá su condición:
Y los gentileshombres que están ahora en la cama en Inglaterra
Se considerarán malditos por no haber estado aquí,
Y tendrán su virilidad en poco cuando hable alguno
Que luchara con nosotros el día de San Crispín.»

William Shakespeare, de Enrique V

Henry V

Pablo Rodríguez Canfranc

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