La llamada, por DANIEL CARAVELLA #escritos

 Hola, paseaba el dedo por encima de la pantalla del móvil y te he visto

– Ah, bien, ¿y?

– Pues que me he dicho, ¡anda mira, cuánto tiempo! Que foto más chula lleva

– Bueno, «chula» lo que es «chula», pues no. Una foto mía, de frente.

– Ya, quizá quise decir, realmente guapa, que se te ve espectacular.

– Estoy trabajando.

– Uy, perdón, no era mi intención molestar. Pero no me he podido resistir, lo siento. Tienes una de esas bellezas que llaman la atención, de las que no pasan desapercibidas.

– Gracias, muchas gracias.

– De nada. Un placer, no me queda otra que pedirte que salgas conmigo, por ejemplo ¿a cenar esta noche?

– Estoy trabajando.

– Ay, es verdad. Bueno, luego te llamo, y quedamos en la hora a la que te recojo.

– Como me vuelvas a llamar otra vez, duermes en el sofá.

– Cariño.

– Pesado, que ya llevas tres llamadas desde las nueve, y son y cuarto. No sé por qué te he dicho nada esta mañana.

– Iba a ser muy difícil que me lo ocultaras, nos levantamos a la misma hora.

– Te crees tú que nosotras no somos capaces de manteneros en la mayor de las ignorancias.

– Supongo.

– Pues venga, cuelga y me vienes a recoger a las seis y media. 

– ¿Estarás bien?

– Como no cuelgues no, pesado. Pareces tú el primerizo. A ver, que estoy de tres semanas y no a punto de las primeras contracciones. Ay Dios. Cuelga.

– Bueno, pero me llamas si hay alguna novedad.

– Voy a llamar a mi madre para que se venga a casa hasta que el que nazca tenga dieciocho años como no cuelgues.

– No, ya tendrá que venir, pero ya cuelgo. ¡Guapa, guapísima, te recojo luego! Ciao.

– ¡Qué cruz!

 

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Daniel Caravella

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