La izquierda y el espejo – por IGNACIO ÁLVAREZ

En los últimos tiempos se están publicando algunos libros que reflexionan sobre la izquierda. Sobre lo que ha hecho, sobre lo que hace y está haciendo, sobre lo que hará. Libros con formato de ensayo donde se hace una disección más o menos acertada, pero disección al fin y al cabo, sobre los principales retos que tiene por delante y cómo conseguirá abordarlos. Se habla de libros como el de Jordi Gracia: Contra la izquierda. Para seguir siendo de izquierdas en el siglo XXI; como el de Ignacio Sánchez-Cuenca, La superioridad moral de la izquierda. Como el de Juan Carlos Monedero, La izquierda que asaltó el algoritmo. Todos ello publicados por 2018 por editoriales diferentes (Anagrama, Lengua de Trapo y Libros de La Catarata, respectivamente).

Cada uno defiende tesis de izquierdas, claro. Y cada uno lo hace a su forma, como corresponde. Mientras que Gracia lo hace empezando por hacer examen de conciencia y aportando una ristra de cosas que no considera de izquierdas [«sabotear leyes que no gustan»; «imputar indiscriminadamente acoso sexual a ojo de buen cubero»; «obviar que la discriminación de género más salvaje de Occidente arranca de los confesionario y las escuelas religiosas» (p. 14 y ss)], Sánchez-Cuenca centra buena parte de su libro en la superioridad moral de la izquierda por contraposición a la superioridad intelectual de la derecha (como suena). Monedero, por su parte, cuenta cosas sobre cómo el algoritmo domina nuestro hoy y puede que el mañana gracias al temible Big Data; cuenta cosas sobre Podemos (la amistad hizo que «no siempre se asumiera la subordinación a la Secretaría General por parte del resto del equipo fundador», p. 136). También habla sobre recuperar la tradición de la familia de la izquierda y refundarla en el siglo XXI, «teniendo muy claro que la mayor parte de logros sociales de los que nos enorgullecemos son conquistas de la izquierda» (p. 215). Casi nada.

En fin, quien quiera tres piedras de toque sobre la cosa puede ir a esos libros y proceder a su lectura.

Yo, honestamente, no tengo ni idea de qué significa ser de izquierdas. Incluso puede que tampoco sepa qué es ser de derechas. Sólo sé que hay personas, que detrás de las personas hay vidas reales y que Foster Wallace dijo que la democracia es el mejor sistema porque es el más se parece/mejor se adapta a esas personas: caóticas, contradictorias, volubles, caprichosas.

Yo no sé qué es ser de izquierdas ni qué es ser de derechas, pero sí sé que las personas desean ser libres. Lo demuestran cada día. También sé que cuando intento buscar el fuego en las calles al escuchar que «arden las redes» no lo encuentro por ningún lado.

Yo no sé qué es ser de izquierdas y qué es ser de derechas, pero sí sé que las personas merecen respeto por el mero hecho de serlo (la dignidad que tanto comenta Monedero), pero mucho me temo que no es a través de una revolución como vamos a conseguirlo.

Yo no sé qué es ser de izquierdas ni de derechas, pero cuando uno lee a Harari (y no sólo su último libro) se observa que es muy probable que estemos a las puertas de alumbrar (a las puertas significa en torno a 2050-2100) un nueva especie que supere evolutivamente al Homo Sapiens (y con él esos cleavages de izquierda y derecha. El Fin de la Historia, la tesis de Fukuyama, revivida).

Yo no sé qué es ser de izquierdas y derechas, sólo sé que nuestros abuelos no querían ni oír hablar de Guerras y Revoluciones mientras que sus nietos y bisnietos están encantados echando gasolina a la hoguera y vengando la derrota que les infligieron en su día. Eso sí lo sé, y me lo recordó hace poco José Luis Pardo con su Ensayo sobre el Malestar (Anagrama, 2016), libro absolutamente imprescindible.

Yo no sé qué es ser de izquierdas y de derechas, pero si para ser de unos o de otros me exigen hacer daño a otras personas, entonces prefiero no ser de nadie (es decir, soy de Stuart Mill y su único límite a la libertad, lo cual supongo me hace de derechas).

Yo no sé qué es ser izquierdas y de derechas, pero Nassim Nicholas Taleb nos ha recordado que los humanos solemos tener una preferencia por lo anecdótico sobre lo empírico y que tendemos a realizar generalizaciones sobre lo que vemos, a lo que se le suma que desdeñamos sin motivo la parte virgen de la biblioteca («la costumbre de fijarnos en lo que confirma nuestros conocimientos, no nuestra ignorancia», p. 42). Y seguimos pontificando sobre qué es ser de qué ideas..

Yo no sé qué es ser de izquierdas y de derechas, pero sí sé que las llamadas políticas de la identidad son un serio reto para las Constituciones del siglo XXI. Y quien no quiera verlo es que desea permanecer ciego. Hay un cuestionamiento del sistema demo-liberal que en algún momento habrá que abordar, intentando construir una identidad que nos una a todos. O de lo contrario nos vamos al garete. Al menos eso dice Francis Fukuyama en su último libro, otro imprescindible (Identity, Farrar, Straus and Giroux, 2018).

Yo no sé qué es ser de izquierdas ni tampoco sé qué es ser de derechas, pero sí sé que escaman los aires de superioridad, la presunta intelectualidad como vanguardia, y la tranquilidad que da mirar a los demás desde la atalaya. Dicho con otras palabras: por más que Harold Bloom se rasgue las vestiduras, Stephen King sigue siendo el Top 1 en lo suyo. La gente disfruta leyéndole (es decir, disfruta). Y si lees su Mientras Escribo (Debolsillo, Barcelona, 2016, original del año 2000) entiendes por qué.

Yo no sé qué es ser de izquierdas o de derechas pero desde luego prefiero construir que destruir, progresar que revolucionar. Por cierto, creo que pagar por acostarte con una persona es una forma violenta de dominación (¿y cuál no lo es?). Pero me han explicado no hace mucho «un mundo sin prostitución no es, al menos por el momento, deseable, ya que esta resulta un medio de emanciparse y de escapar a otra opresión para muchas mujeres. Reclamar hoy sin ningún matiz la abolición de la prostitución no solo es una reivindicación idealista, sino, lo que es peor, peligrosa, en la medida en que desdeña a todas las mujeres cuya realidad sería peor sin la prostitución». Esto lo dice Morgane Mertuille en su Liberad el feminismo (Bellaterra, Barcelona, 2017, p. 84).

Yo no sé qué es ser de izquierdas o de derechas, pero sí sé que cada vez hay más mujeres y hombres con miedo, con dudas, con cierta parálisis. Sólo que a veces no existen problemas y que eso suele ser el preludio para crearlos y decir: «¡Véis! !Ahí hay un problema!» No sé si tiene que existir un derecho al aborto o a la gestación por sustitución. No sé si tiene razón Paglia, Despentes, Solnit, Gay, Ngozi, Crispin o no. Sí sé que partir del posicionamiento previo en «izquierda» o «derecha» acaba por convertirse en otro duelo navajero más donde se aprovecha para saldar cuentas pendientes. Nuestras amigas y compañeras han dado la voz de alarmas. Nosotros tenemos que intentar estar a la altura y mirarnos de una vez al espejo.

Yo no sé qué es ser de izquierdas. Tampoco sé qué es ser de derechas. Sólo sé que cuando me exijan el sacrificio correspondiente para seguir haciendo imparable el tren de la Historia me encontrarán junto a Albert Camus (y su madre).

 

Ignacio Álvarez

Ignacio Álvarez Ha publicado 10 entradas.

Profesor de Derecho Constitucional en Universidad Complutense de Madrid. Sus principales líneas de investigación se centran en la igualdad de género y no discriminación, el feminismo, la democracia paritaria, y la representación política. Intenta aprender todos los días algo, lo cual sus alumnos suelen agradecer mucho (y algunos de sus compañeros, también).

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