La importancia de una pregunta sencillita – por PEDRO PABLO MIRALLES

Juan se quedó pensativo, no sabía que contestar y cuidado que la pregunta que había lanzado al aire Josefa parecía realmente sencilla.

Luis quiso ser el primero y con aire de seguridad respondió que “sin lugar a dudas, cuando saqué el número tres de la oposición al ayuntamiento, pues me ha garantizado de por vida unos ingresos y estabilidad”.

Andrea tampoco lo dudó y con aparente firmeza dijo que “nunca había sentido tanta alegría como cuando obtuve la sentencia de divorcio después de once malditos años de supuesta convivencia con el gilipollas de mi ex, aunque no conseguí la pensión compensatoria que le pedía y, claro, ahora no me importa reconocer que fui yo la que le puse los cuernos desde el principio”.

Sentados en la terraza del bar próximo al centro comercial del barrio y no lejos del ayuntamiento, solo faltaban por contestar la pregunta Josefa y Juan.

Hasta que Josefa se cansó de esperar la respuesta de Juan y dijo: “cuando os hice la pregunta yo ya sabía mi respuesta, por eso os la hice, para mí el momento de más alegría y felicidad en la vida fue cuando logré comprar el apartamento en el que vivo solita, no me va a pasar lo que a ti Andrea, yo me acuesto con quien me apetece y después cada uno en su casa y Dios en la de todos”.

Se hizo un silencio y todos miraron a Juan a la espera de su pronunciamiento, hasta que al fin dijo, “sabéis lo que os digo, que visto lo visto y todo lo que habéis contestado, me parece que aquí hay mucha frivolidad y poca alegría y felicidad. Al contestar todos os habéis centrado en lo material. Si la alegría y la felicidad no se comparten no existen ni una, ni otra y de material nada. Por eso me da que no tenemos ni puta idea de lo que es la alegría y la felicidad, ninguno de nosotros la ha debido de alcanzar, salvo la alegría y felicidad que nos debería dar constatar ese hecho y al menos ser conscientes de que se pueden alcanzar y merece la pena buscarlas”.

Lo que había empezado como un entretenimiento para pasar el rato entre amigos, se convirtió en un momento de tensión. Terminadas las risas forzadas y los comentarios intrascendentes, de nuevo se hizo un silencio cortante.

Josefa se disculpó por haber hecho esa pregunta, cada uno dejó cuatro euros para pagar al camarero del bar el aperitivo que de forma tan densa había terminado y la reunión de amigos se disolvió con una cierta sensación de pesadumbre en todos ellos, justo cuando el reloj del ayuntamiento marcaba los cuartos para las dos del mediodía del último domingo del mes de septiembre.

 

2014-07-19 20.17.52
Fotografía de ELENA SILVELA

Pedro Pablo Miralles

Pedro Pablo Miralles Ha publicado 188 entradas.

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