La Grieta

De pronto se encontró con la grieta.

Llegó con un único y breve chasquido. Vio que una de las baldosas con cenefas de flores coloreadas se había partido. Después de observarla con cierto detenimiento, se percató de que desde ahí partía una fina línea que recorría las baldosas del baño, ascendiendo en diagonal hasta perderse detrás del espejo. Ciertamente, aquello era una contrariedad, pero no dejaba de ser una grieta muy delgada, muy poca cosa  en realidad y bueno, pensó; al fin y al cabo estaba en el pequeño cuarto de baño privado, nada que alguien pudiera llegar a ver, quizás acaso alguna visita, alguna vez… Así que decidió que podría convivir con esa grieta sin hacer nada.

Al salir del servicio, vio que la misma grieta también había llegado a la madera de la puerta, recorriéndola de arriba a abajo. Después encontró otra muy parecida en la librería del comedor, y otra sobre la mesita del salón. También había una en el viejo jarrón de porcelana, y en la figurita de cristal recuerdo de Venecia. En la cocina, la fina grieta subía por la nevera, pasaba por el techo y alcanzaba la preciosa lámpara de cerámica blanca y azul, partiendo en dos mitades la base atornillada al techo.

RBSorprendido, volvió su mirada a derecha e izquierda, arriba y abajo y se dio cuenta de que la grieta seguía creciendo rápida y silenciosamente, abriéndose paso, atravesándolo todo. Y entonces se encogió de hombros, porque ya era tarde: La grieta lo había alcanzado a él también.

 

Ricardo Balaguer

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