La fuerza y el valor de Antonia, por PEDRO PABLO MIRALLES – #relatos

En la Peña del “Qué dirán”, ante unos quince o veinte aficionados y conocidos, Antonia, de mediana estatura y algo gruesa, más gitana que paya, dejó de cantar de forma automática y “Sinfín” paró la guitarra casi al unísono, justo en el instante en que Pascual, más payo que gitano y grandote, entró por la puerta del local. No, no se trataba de uno de esos raros palos del flamenco que pocos conocen el que produjo ese parón de forma tan brusca e inesperada. Se hizo un gran silencio.

Pascual dijo en alta voz y a distancia, con marcada arrogancia y la mirada perdida pero haciéndose notar, “Antonia, por mi pué seguí cantando to’ lo que quiera”. Ella, sin pensarlo dos veces se aproximó a él con decisión, le cogió del brazo y llevó con energía hacia la puerta mientras le espetaba con su espontaneidad característica: “¡en este local yo canto cuando quiero, lo que quiero y ante quien quiero, tú te vas a la puta calle que es de onde no tenía q’habé salío, a mí ni tu ni naide mi vuelve a poné la mano encima como hiciste anoche, a corré!”. Pascual, sin rechistar, se sometió a esa inesperada expulsión del “Que dirán”.

Antonia volvió a la tarima con gesto de satisfacción y comenzó cante y baile con más fuerza que antes, esta vez por bulerías. La guitarra del “Sinfín” se escuchaba con más garra que nunca y las palmas de Estaban, Rafaela y “El Pato” sonaban alegres. El gran silencio en el “Qué dirán” se rompió con suspiros y comentarios de los asistentes, la música y el cante lo expresaban todo sin más explicación que lo vivido en un momento aquella noche.

 

flamenco detalle

Pedro Pablo Miralles

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