La amatista

Un buen día, no por casualidad… aprendí que las piedras semi-preciosas, los cristales y sus colores tenían propiedades, servían para sanar, para enraizar, para aprender, para muchas cosas. He llevado conmigo desde entonces varios cristales (durante largas temporadas) y he podido comprobar que actúan y sirven para fines determinados. Para abrir esta sección, el cristal honorífico será la amatista. Suave, lenta, profunda, bondadosa.

Empecemos por el color violeta, en general. Acerca la energía espiritual, facilita el acercamiento con los que están ahí arriba. Ayuda en el proceso de evolución del ser humano. Activa la valentía, capacita a la persona para comprender; al tiempo que ayuda a no dejar de enraizar en la tierra y facilita la comunicación. El violeta es mezcla de azul (comunicación) y rojo (enraizamiento con la tierra). Acompaña a la persona en períodos de transición y cambio.

La amatista es el cristal ideal para sedar, aportar paz y serenidad. Es un tranquilizante natural en toda regla. Se conoce a la amatista como “el prozac de la naturaleza”. Disipa la ira, la furia, el miedo y la ansiedad. Arropa y consuela en los momentos más difíciles y armoniza las emociones. Con mucha constancia, tiende a convertir lo negativo en positivo. Es la piedra que trata el insomnio, aporta un sueño reparador y protege de las pesadillas recurrentes. Coloca una pequeña amatista debajo de la almohada para ahuyentar las pesadillas…  Modula el sistema hormonal, sintoniza el sistema endocrino y el metabolismo. Potencia el sistema inmunitario y sana enfermedades pulmonares.

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