Joyas en el Congreso – por RAFAEL DE LA TORRE

Dudo si las sesiones del Congreso son  o no un género literario como sucede con el  teatro y la narrativa.

La obra se exhibe impúdica sobre el escenario y hace ya mucho que los autores intelectuales la abandonaron en manos de actores mediocres y marionetas sin alma.  Aunque nos juren que vemos un riguroso directo, un ejercicio honesto de inteligencia, una representación del pensar, apreciamos el decorado pero no el proceso creativo ni los intereses de quienes mandan y escriben el guión. Entre bambalinas se cuecen todos los misterios, sobre las tablas sólo hay rastros burdos de maquillaje.

Los actores de esta sesión nos miran e ignoran, igual que hacen las estrellas cuya luz nos ilumina por las noches. Están ahí, a años luz de distancia. O no. Tal vez son hologramas, personajes de celuloides o agujeros negros oscuros. Si alguna vez tuvieron palabra sus promesas se han difuminado en el vacío. Intentan que les creamos y nos muestran sus manos limpias de polvo, transparentes, pero no acepten  la apuesta: los buenos tahúres no enseñan sus cartas cuando juegan al póquer con pardillos. La transparencia no existe, qué nadie se engañe. Ni en el aire contaminado sin remedio, ni en el  mar. ¿Dónde quedaron las aguas cristalinas surcadas por peces de todos los tamaños y formas?  Mucho menos sobrevive sobre tierra.

Por eso no presto oídos a los cantos, sean de sirena o de canario, que prometen amor eterno,  menos impuestos con mejores servicios, o un mundo mejor. Y todo sólo a cambio de  una moneda o un voto, ni aunque me permitan por tan escaso sacrificio participar en el reparto del botín incautado. No acepto el órdago ni el envite sin ver los naipes, es triste pero sólo me convencen los hechos.

Me apena reconocer que he perdido la fe en el hombre;  promesas incumplidas, enchufes, nepotismo y corrupción es todo lo que atisbo. Y a Alí Babá oculto, muerto de risa, en el fondo de la  cueva mientras cuenta las riquezas que nos ha robado o hemos hipotecado en las tiendas de compro-oro que regentan sus secuaces.

¿Qué ven ustedes sobre las tablas del hemiciclo, de ese escenario de comedias baratas? ¿Reconocen alguna de las joyas de la familia? ,¿tal vez la gargantilla de la abuela? Si son buenas no se molesten en subir a recuperarlas pues  todo lo que allí reluce es, en el mejor de los casos, auténtica bisutería.

 

Rafael de la Torre

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