Jobim y Miró

No sé si se conocieron en vida, creo que no por lo que he investigado en Google y por ahí. Me vino la curiosidad tras visitar la Fundación Joan Miró hace unos días en Barcelona y al día siguiente ver la extraordinaria película “A música segundo Tom Jobim”, dirigida por Nelson Pereira Dos Santos. Una de las secuencias de la película, mi favorita, es la que muestra a Jobim cantando “Aguas de março” con Elis Regina.

Los dos en un plano medio con un micro, fondo negro y una alegría como de niño feliz de este monstruo de la música que automáticamente me recordó a Joan Miró. Y la letra: “es un pié, un pez en un cesto, una piedra, un trozo de pan, un nudo de madera, una astilla y un clavo, un brillo de plata, es el barro, es un paso, es un puente, una cara, es un palo, es un bello horizonte. El final de un camino. Son las aguas de marzo cerrando el verano, una promesa de vida en tu corazón”.

Inmediatamente el niño Jobim me llevó al niño Miró. Recuerdo al Miró octogenario que conservaba la mirada inocente y frágil de la infancia, un genio que tenía reconocimiento y fama mundiales, que residió los últimos años en Mallorca como un payés, junto al magnífico estudio que le diseñó Josep Lluís Sert.

Coincidí en la Fundación Miró con la visita de un grupo de niños. Tendrían cinco o seis años y no pude apartarme en varias ocasiones de las maravillosas escenas que formaban la maestra y sus alumnos comentando pinturas y esculturas. La profesora preguntaba qué veían o qué sentían ante tal o cuál obra. Los niños, en perfecto catalán y educadamente, contestaban alborozados porque entendían y sentían en el corazón lo que el artista nos quería contar.

Los temas recurrentes de Miró eran desgranados por los niños encantados con su propia sagacidad: mujer, pájaro, estrella, sol, luna, tierra. Las lineas negras bien nítidas que separan los colores puros.

Sentí que me hubiera gustado tener una maestra como ella, guapa, morena, joven, abierta y culta; que me hubieran enseñado a mirar así las obras de Miró y no con comentarios como “mirad esos bodrios que podría pintar hasta un niño”.

En fin eran otros tiempos, y como dijo Rubén Darío:

Dentro de ti tu edad
creciendo,
dentro de mí mi edad
andando.

Antonio Babío

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