Jim Morrison: el poeta borracho que insultaba al universo

La frase del título se la atribuye Hervé Muller, uno de lo primeros biógrafos del grupo The Doors, al poeta francés Arthur Rimbaud, pero yo que he leído casi toda su poesía y prosa poética he sido incapaz de encontrar el verso “y el poeta borracho insultaba al universo”. Habré mirado mal… [Actualización: me han informado sobre el poema en cuestión; la historia se puede leer aquí – gracias Israel]

Lo cierto es que es una buena descripción de la figura de James Douglas Morrison, el cantante y frontman de una de las bandas americanas más emblemáticas y controvertidas de los años sesenta, The Doors. El éxito inmediato del grupo reposó sobre tres pilares: tres músicos sobresalientes en técnica y originalidad compositiva, unas letras de las canciones excepcionales de alto contenido poético y un hombre espectáculo, Morrison, capaz de llevar al público al paroxismo en sus conciertos.

La verdad es que cuando vi la película que realizó Oliver Stone en 1991 sobre ellos me irritó bastante la imagen de borracho impresentable que ofrecía de Jim Morrison. Mi idea era que detrás de sus excesos había una persona sensible y entrañable. Pero no, la imagen que yo tenía de él como un poeta torturado se hizo añicos al leer recientemente El enigma Jim Morrison de Stephen Davies, una obra rigurosamente documentada que confirma al cien por cien la versión de Stone. Jim Morrison fue hasta su muerte en 1971 una persona irresponsable, ingobernable y capaz de hacer sufrir continuamente a todos los que le rodeaban.

Pero vayamos al Morrison poeta. Aparte de componer gran parte de las letras de los míticos The Doors, Jim Morrison publico varios libros de poesía, An American Prayer, The New Creatures y The Lords. Notes on the Vision.

The Lords, mi favorito, está compuesto de los retales de un ensayo sobre el cine y su relación con la percepción y la realidad que Morrison dejó inacabado cuando estudiaba cinematografía en la UCLA. En él están ya presentes todos los temas que le obsesionaron y que vertió a lo largo de la discografía de The Doors: el sexo, el chamanismo, la alteración de la percepción a través de las drogas, la ciudad… Francamente, hubiera preferido leerlo en forma de ensayo.

El juego y su asociación con la vida es un tema recurrente en sus escritos:

 Cuando el jugar muere se convierte en el Juego
Cuando el sexo muere se convierte en el Clímax.
 
Todos los juegos contienen la idea de la muerte.

La percepción, la realidad y el sueño, eran elementos que le fascinaban como motivo de reflexión. De hecho, el nombre del grupo, The Doors, está sacado de la obra Las puertas de la percepción de Aldous Huxley.

El sueño es un subocéano, sumergido en cada noche. Por la mañana, te despiertas chorreando, jadeante, los ojos escocidos. Insiste en llegar a un acuerdo con el “Exterior”, absorbiéndolo, interiorizándolo. Yo no saldré, tú debes entrar en mí. En mi jardín-útero donde me asomo. Donde puedo construir un universo dentro del cráneo, para rivalizar con la realidad.

El cine era otra de sus pasiones. Introduce en este campo conceptos muy sugerentes como el que postula que el cine es la más totalitaria de las artes porque te absorbe: cuando estás viendo un film en una sala a oscuras estás dentro de la película, ésta tiene lugar dentro de tu mente. El cinematógrafo solamente proyecta luz de distinta tonalidad sobre una pantalla blanca; es nuestro cerebro el que ordena esos destellos en imágenes de cosas y de personas, el que les confiere un movimiento y el que les otorga una historia.

Fantasmagoria, espectáculos de linterna mágica, espectáculos sin substancia. Llevaron a cabo experiencias sensoriales completas mediante el ruido, el incienso, la iluminación, el agua. Quizá llegue el día en que asistamos a los Teatros del Tiempo para recordar la sensación de la lluvia. El cine no deriva de la pintura, la literatura, la escultura, el teatro, sino de la antigua magia popular. Objetos tal y como existen en el tiempo el ojo y la cámara nos dan. No falsificados por el “ver”.

Es por ello que a juicio de Jim Morrison el cine no viene del teatro, como puede parecer a primera vista, sino de la magia y del ilusionismo. Crear efectos ópticos que engañan a la mente y la hacen percibir lo que no es.

Como decía Borges, en el teatro uno juega a ser otro ante otros que juegan a creer que es otro. Pero en el cine no existe ese acuerdo implícito entre actor y público: no vemos a Harrison Ford interpretando a Indiana Jones, durante la proyección del film Ford es Indiana Jones para nuestro cerebro.

Finalmente, Morrison afirma que el cine nos convierte en voyeurs, en mirones de la realidad:

La cámara, como el dios que todo lo ve, satisface nuestro anhelo de omniscencia. Espiar a otros desde esta altura y ángulo: peatones entran y salen de nuestro objetivo como raros insectos acuáticos.

Los espectadores de cine son vampiros callados.

 Una obra poética la de Jim Morrison un poco estridente y deslabazada, incluso algo excesiva, pero no exenta de un morboso interés, por lo menos para mí.

Pablo Rodríguez Canfranc

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2 comments

  1. Hola, me he topado contigo buscando cosas en google sobre mi propio blog que acabo de abrir, y me ha hecho gracia la frase porque esa frase es el motivo de mi alter ego o pseudónimo internáutico y literario, no se si alguna vez te había leído o me había cruzado con tu blog, ni siquiera he comprobado que siga activo, pero la síntesis era que yo tras mucho pelear e investigar por la red conseguí encontrar el poema y me lo pasaron con notas de pie de página.

    Cómo te va!
    Te cuento un poco. No lo encontraste porque no es de los versos más conocidos, y porque no hay que olvidar que buscas un poema francés en una traducción española.
    Los versos dicen así: “et le poète soul engueulait l’univers” es decir: “Ebrio, el poeta injuria, gritando, al Universo”.

    Esto es el primer párrafo de un mail que me envío un escritor un tal Hernán Alejandro Isnardi, el poema como tal se titula ‘La queja de los tenderos’ si te interesa te lo paso completo por algún lugar.

  2. Muchas gracias por el comentario y por la referencia del poema. Supongo que sabiendo el título lo encontraré sin problemas. Efectivamente, el “lost in translation” es un problema cuando no dominas un idioma y tienes que recurrir a traducciones.

    Un saludo

    Pablo Rodríguez Canfranc

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