Inseparables, por LOLA SÁNCHEZ LÁZARO – #cuentos

Auri era una cerilla alegre y despreocupada, irradiaba entusiasmo. Su cuerpo, más regordete que el de las demás, era objeto a veces de burla y otras, las menos, de admiración. Pero a ella no le importaba, se sentía bien tal como era, con esos kilitos de más. Vivía en una granja a las afueras de un pequeño pueblo asturiano y su hogar, una pequeña caja de cartón, era uno de sus lugares preferidos. Desde allí podía ver la casa grande, donde vivía una familia numerosa, con muchos niños pequeños, varios perros y no sabía bien cuantos gatos. A veces, se acercaba sigilosa y fisgoneaba oculta tras un matorral.  Le encantaba observarles; podía pasar horas absorta en ellos, aunque al final, las demás siempre la reprendían; “Auri, no te acerques tanto”, “Auri, prohibido ir allí”, “Auri, ni los mires”… Había veces que le daban ganas de salir corriendo y no parar; era pequeña, pero no tonta.

Nadie sabía  cómo había llegado Auri hasta allí, aunque tampoco se hicieron muchas preguntas, la acogieron como a una más. Era la pequeña del grupo, y también la más curiosa y traviesa; sobre todo, curiosa. Y las continuas advertencias de sus compañeras acerca de todos los riesgos existentes, sólo aumentaban sus ganas de saber qué había más allá de la granja. No entendía por qué no la dejaban salir sola, o por qué podía ser tan peligroso el viento.  O, ni que fuera lerda, la repetían constantemente, mañana, tarde y noche, que si había un fuego cercano, tenía que correr en la otra dirección, muy rápido, todo cuanto pudiera.

Auri escuchaba todos los días la misma historia y, sonriendo, les decía que no se preocupasen, ella no se expondría a ningún peligro innecesario. Pero, día a día, sus ganas de conocer mundo iban germinando, como la semilla en la tierra. Y crecía, y crecía, cada vez que alguna de las cerillas la alertaba sobre las maldades de aquel universo desconocido.

Una tarde del recién estrenado otoño, aprovechando que el resto de sus compañeras dormitaban, se escabulló de sus guardianas todo lo rápido que pudo y se adentró en el bosque que lindaba con la granja. De repente, alzó la vista y quedó maravillada y sorprendida del bello espectáculo que ofrecían los árboles; una mezcla de verdes, pardos, ocres y dorados, componían una imagen embelesadora. Las ramas, de repente, sin avisar, comenzaron a moverse con elegancia, jugando con el viento que las mecía con ternura. Auri, sorprendida por aquella visión, dejó escapar un grito de admiración.

-¿Quién eres tú? -, preguntó el viento sorprendido.

-Hola, señor viento, soy Auri y vivo allí – dijo la pequeña señalando hacia   la granja.

-¡Ah!, es cierto, alguna vez te he visto ir de un lado a otro de la granja. Hola, Auri. Yo soy el viento. Y no me llames señor, sólo soy un poco mayor que tú.

  -Ya, ya lo sé – rió la cerilla – Oye, viento, ¿por qué traes tanto calor?

  -Porque soy el viento del sur, pequeña.

-¿El sur? , ¿qué es el sur? No sé qué es eso.

-Claro, no me extraña, tus amigas te tienen casi, casi, secuestrada; con la infinidad de sitios maravillosos que hay en el mundo… Pero es posible que tengan razón; sólo una imprudencia puede salirte muy caro.

En ese momento, aunque inquieta, Auri decidió ser su amiga. Había estado demasiado tiempo evitando peligros, ya era hora de conocer un poco más allá de su pequeño universo.

-Viento, ¿puedo ser tu amiga?

Éste  se sintió tan halagado de que una pequeña cerilla, con la fama de orgullosas que tienen, quisiera ser su amiga, que prometió cuidar de ella siempre.

Y así sucedió. Con el paso del tiempo, se volvieron inseparables como si fueran siameses. El viento la paseó por mil y un lugares y Auri, agradecida, le acompañaba noche y día. Ya no podían vivir distanciados el uno del otro.

Sin embargo, algo enturbió la dulce existencia de Auri; se había enamorado locamente del viento. Al principio, no quiso reconocerlo, pero pasado un tiempo, no tuvo más remedio que admitir sus sentimientos; estaba celosa del día, de la noche, de niños y adultos. Y, sobre todo, de las hojas de los árboles que se mecían coquetas al compás de su adorado viento.

Una tarde que el viento no había salido a trabajar, decidió confesarle sus sentimientos. Ella, que nunca se había preocupado demasiado por su aspecto, se adornó con sus mejores galas, pidió consejos aquí y allá. Nerviosa y asustada fue a ver a su amigo el fuego. Porque a pesar de todas las advertencias que la hicieron en su infancia, había cosechado la amistad de los personajes más variopintos. Una vez frente al fuego, le rogó que iluminara su cabeza. Éste se negó, intentó convencerla de que no lo hiciera, la imploró de rodillas que desistiera de esa idea, que estaba muy guapa tal y como era. Auri intentó primero persuadirle, pero al ver que el fuego no cedía, recurrió a las amenazas.

-Ya no soy una pequeñaja a la que decir qué es lo que tiene que hacer. Estoy cansada de que todos estos años pasados nadie confiara en mí. Siempre pendían sobre mí palabras como irresponsable, cabeza loca o caprichosa. Pues, ¿sabes lo que te digo?, que si tú no lo haces, ya me buscaré la vida. O mejor, seguro que te pillo en un descuido y me meto dentro de ti. Eso no vas a poder evitarlo, fueguito.

De nada servían las explicaciones del fuego y él lo sabía. Ayudó a Auri a cumplir su deseo y la vio alejarse, envuelto en un gran sentimiento de culpabilidad, arrepintiéndose al momento, sabiendo que cometía la mayor imprudencia de su vida.

Auri, con un alegre contoneo, se fue acercando a su amor, que la observaba desde lejos, complacido. El viento no sabía qué era lo que envolvía a su querida cerilla, pero se la veía preciosa, más guapa que nunca. “Aunque es demasiado caprichosa y no atiende a razones, no puedo vivir sin ella”, pensó orgulloso.

Un paso más, otro… las fuerzas la abandonaron y cayó desmayada a mitad del camino. El viento, alarmado, voló hacia ella. Angustiado y temeroso, sopló y sopló, pero fue imposible devolver la vida a aquellas pequeñas astillas carbonizadas.

auri cuento lola

 

Lola Sánchez Lázaro

Lola Sánchez Lázaro Ha publicado 85 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.