Infancias (Mercedes se amarga)

Borjita se vuelve a diestra y siniestra, se pone el libro en la tripa y sube la cremallera del plumas. Ventajas del invierno para pasar de contrabando libros a casa.

– Mercedes, ¿Qué lleva el niño con tanto secreto?

– Nada, Las Aventuras de Tom Sawyer.

– Y el secreto ¿para qué?

– Le he dicho que no lo vea su madre, que aún no tiene edad para leerlo y que lo haga a escondidas.

La miro torvo.

– No me mires torvo que aún no eres un personaje de novela. Y si: sigo con mis tácticas de engancharle. Si no le da emoción a las lecturas, me parece que lo pierdo en cuanto descubra el porno.

Borjita llega a la esquina, se vuelve sonriendo y, peliculero, se lleva el índice a los labios. Mercedes le devuelve el gesto.

– Tom Sawyer es un peligro para ese niño – le digo- Este confunde el Guadalquivir con el Misisipi y se planta en Sanlúcar, ya verás.

– Digo. Cabaña me ha dicho que ya tiene. Como también es secreto no ha dicho donde. De sábanas será y en su cuarto. Pero bueno, que lo disfrute.

– Sí con lo que le queda por delante, que vaya pasándolo bien.

– Pero él no echará de menos lo que nosotros vamos perdiendo. Eso que se lo cuente su madre. Pero a veces me dan ganas que darle a leer libros que  como sigamos así, serán un viaje al futuro.

– No te amargues, Mercedes, que tiempo habrá. Borjita no escribirá Tanguy.

– Él no, pero lo estará escribiendo algún niño sirio y lo habrá escrito ya alguien en Ruanda. Niños abandonados en las guerras. Da igual que sea la Civil nuestra o cualquiera otra. No vivirán en los internados de curas como Tanguy, pero si en sitios parecidos. Pon tú el dios o la patria a quien estén consagrados. El horror será el mismo. Niños que huyen. A miles. Y las niñas lo tienen aun peor…

Mercedes me alcanza La Asesina, el ángel de la muerte griego que mataba a las recién nacidas para para librar a sus padres de la ruina que les suponía criar niñas a quien dotar con la nada en la que vivían.

– Pues si que estás buena hoy Mercedes. Grecia somos todos pero no creo que lleguemos a eso.  En todo caso, esa sí, fue una excepción. Los niños no son todavía mano de obra barata para las familias. Aún no Mercedes.

– Excepto temporeros. De los demás, ni estadísticas publican. Pero será un problema. A ver cómo empezamos a distinguir los niños que ayudan de los niños que trabajan. Habrá que tirar de los informes históricos. O de la memoria de los que trabajaron siendo niños que aún están jóvenes muchos de ellos.

– Un poco amarga te veo hoy Mercedes.

– Si quieres un final amable a tanta amargura, llévate Mi planta de naranja lima. Pero no se te olvide, abogado, el niño protagonista fue víctima de palizas brutales y del hambre.  Estos niños siempre estarán a merced de la bondad de los desconocidos.

– Ya me dirás a que viene esa morcilla que te has sacado de Un tranvía llamado Deseo.

–  Es que Williams piensa lo mismo que yo, pero lo dice más bonito.

– Y eso es un verso de Blas de Otero…

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Tom Sawyer
1876

Luis Casas Luengo

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