Incapaces de callarse – por ELENA SILVELA #misescritos

Lo dicen por todas partes. Expertos psicólogos. El coach. El cartel de la frase del día. Tus amigos. Los no amigos y aficionados a dar consejos. Tú no te preocupes. La preocupación es una ocupación inútil. Si tiene solución, pues le pones solución. Y, si no la tiene, pues no merece la pena ni pensar en ello.

Ni pensar en ello. Atención a la frase. Muchas veces, sin siquiera saber qué es “ello”. Por supuesto, sin tener ni la más remota idea del nivel de importancia de “ello”, del impacto de “ello” en la vida del preocupado.

Insisten en el tema. Que te olvides. Que dejes de preocuparte. Ni asomo de lo que es un principio básico de empatía. Mientras tanto, quieres desearles el infierno. Un infierno parecido al tuyo. Inundado de preocupación. Con falta de aire en algunos momentos. Y de larga duración. De muy larga duración. Para que mine.

Dios mío, son incapaces de callarse.

Un buen día, ocurre algo. Una buena noticia. Temporal o permanente, ahuyenta la preocupación de un plumazo. El cuerpo se relaja, los hombros dejan de encogerse, las manos se abren y uno puede mirar ya hacia el horizonte. Hay un probable futuro. Y recuerdas la de veces que te dijeron “Tú no te preocupes” con la soltura de un incauto, con la delicadeza de un asno, con el ímpetu de quien se empeña en ver la vida de los demás sin mirarla.

Dios mío, son incapaces de callarse.

 

Elena Silvela

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