Huyendo del silencio – por JUAN CARLOS VIVÓ #escritos

Es un hombre viejo. Gastado y encorvado,
dañado por los años, y los maltratos. […]

Ahora gente joven recita sus versos.
Por sus ojos vivaces pasan sus fantasías.
Sus saludables y voluptuosas mentes,
su carne firme y bien formada
se agitan por su expresión de la belleza.

C. P. Kavafis

Imagino, contemplando la pátina mítica que supo imprimirle Durrell en su celebrado “Cuarteto de Alejandría” y admirado por el rescate de un olvidado poeta que el fascinado E. M. Forster supo tan bien hacer, la figura triste, delgada, espectral de Cavafis, perdiéndose por las calles de la ciudad milenaria y cosmopolita donde reposan los restos de una cultura de la que el poeta extrajo personajes, historia, anécdotas, mitos, libros olvidados, sentimientos, …

Imagino un poeta fusionado con su ciudad, escarbando en ella, pues no le interesa la vida que transcurre feliz o triste por sus calles, es sólo un accidente para encontrarse con el presente. Busca la lo griego en una ciudad que fue egipcia y copta y ya es musulmana. Le interesa descubrirse paseando junto a Lisias el Gramático, intérprete de helenismos, enterrado junto a la Biblioteca con sus libros; quiere compartir la muy a menudo infructuosa lucha del estudiante Mirtias contra las pasiones por medio de la oración y el estudio; desea esperar con toda la ciudad a los emisarios de los Ptolomeos que volverán un día con tristes presagios de consultar al oráculo.

Y todo ello contado con contenido sentimiento, con voluptuosidad comedida, aunque muchas veces desatada inevitablemente; con el manejo maestro de la palabra que necesita de años para ser colocada en su sitio definitivo, para dar una obra breve de sabrosos frutos.

Es un hombre viejo ya. Ve consumida la vida de un triste funcionario que no ha querido dar a conocer sus poemas sino a quienes él creía preparados para estimarla. Circulan como los códices antiguos, de mano en mano, con admiración secreta. Si no hubiese sido porque lo hermoso trasciende siempre y los extranjeros no queremos dejar en paz al silente, puede que el olvido hubiera sido su destino. Pero no, ahí está. La gente joven recita sus versos, los comparte, los mastica, se asombra y su vida crece, con la fecundidad del poeta que no ha querido ser visible sino ante unos pocos.

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Juan Carlos Vivó

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