Horror vacui – por PABLO RODRÍGUEZ CANFRANC

El camino hacia el interior del alma
es tan sólo un sendero que desciende
en forma de espiral por el cráter
de un volcán. Cada giro del trazado
te va alejando de la luz radiante
de la superficie y te hunde sin tregua
en un pozo anegado de tinieblas.
El final del camino se confunde
abajo en la oscuridad de la sima.
Probablemente descienda sin fin.

Todos los fantasmas y apariciones
que se te cruzan durante el descenso
no son más que máscaras y fantoches
que ocultan el verdadero terror,
el inexorable y supremo miedo
que produce el vacío más perfecto:
la nada que reposa en el profundo
agujero del alma de los hombres.
Un lugar sin mañana ni esperanza.

Nadie se atreve a llegar tan abajo,
hollar el corazón de las tinieblas
y enfrentar la visión de lo innombrable.
Resulta más seguro decorar
la vida con el atrezzo sutil
de las ensoñaciones cotidianas
que ahogan la llamada del abismo.
El tener una mente erradicada
de todo el conjunto del universo
es la condena del ángel caído.

Pablo Rodríguez Canfranc

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