Historia de mi música (clasificación XXX) – por RAFAEL DE LA TORRE

Nota: sólo para mayores de 45 o lectores muy formados.

Cuando conectaba las noches con los días sin necesidad de jaleas reales o complejos vitamínicos, cuando jugaba a ser mayor con pelo largo – eso también ha cambiado-, gafas de John Lennon y nunca más de cuarenta duros en el bolsillo, un euro veinte al cambio teórico, cuando soñaba sin pesadillas y quería estar despierto noche y día, cuando vivía ilusionado… ¿Cuánto tiempo ha pasado?

Entre aquel “hoy me he levantado dando un salto mortal” de Hombres G y este “cómo explicar que me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario” de los Secretos dista, al menos, un par de eternidades. Y yo, como el androide de Blade Runner, estuve allí.

Lo triste, a pesar de la opinión de la abuela Carmen, no es que los años escapen demasiado aprisa, eso puede ser hasta bueno, ni que hayan transcurrido en balde o con provecho. Total, salvo si eres un respetado presentador de realities o un político profesional a nadie le importa y como miembro de estos grupos selectos tampoco debes sufrir: caso de necesidad alguien repasará tu realidad con brocha gorda para arreglar los desconchones de la fachada aunque en tu interior no funcione el gas, la luz y el agua..

Lo malo, lo peor, es que no estoy solo en este viaje. Comparto vagón de tercera con un rebaño de engañados zombis, de otrora ilusionados creyentes en sí mismos y en el porvenir y ahora traicionados por los vivos demasiado vivos. Salud. Llevo más copas encima que Sabina cuando de verdad era Sabina y es de nuevo mi turno. Subo al escenario y echo otro vistazo: todos beben, muchos ríen, alguno mira e, incluso, una rubia veinteañera llora con lágrimas de cocodrilo. Por fortuna no soy yo a quien muerde.

Sólo me atrevo a cantar “el baúl de los recuerdos”.

 

ALMA2

Rafael de la Torre

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