Hidden Figures – Fences – por FERNANDO REVIRIEGO #cine #críticadecine

Dos películas, dos historias; una misma lucha.

“Hidden figures” (Theodore Melfi, 2016) es una amena crónica, aunque demasiado edulcorada, que nos acerca a la figura de la matemática norteamericana Katherine Johnson (1916-), clave en la carrera espacial de los años sesenta, y que tuvo la responsabilidad de los cálculos de trayectoria, entre otros, de los vuelos de Alan Shepard, John Glenn o del propio Apolo XI; una historia en la que también se nos acerca en paralelo, aunque de forma más tangencial, a las figuras de Dorothy Vaughan (1910-2008) y Mary Jackson (1921-2005), que compartieron la misma aventura desde otras responsabilidades. Tres mujeres que abrieron brecha en un momento de lucha por los derechos civiles. Mujeres geniales que no se resignaron a aceptar las limitaciones y restricciones derivadas de su raza, más también, no debemos olvidarlo, de su condición de mujeres (“..pero.. ¿permiten mujeres en la NASA?”, preguntarán en su propio entorno). La lucha por estudiar o la lucha por el reconocimiento de un trabajo, se entremezclan con cuestiones puntuales, nada menores, como la propia segregación en la separación de universidades, autobuses, bibliotecas… incluso baños, o desprecios como que nadie quiera beber de una cafetera que has tocado, no sea que le contagies algo.. Ahora bien, está película que tiene la virtud de rescatar y dar a conocer al gran público la historia de estas mujeres, resulta escasamente incisiva, perdiendo mucha fuerza en su desarrollo, por un intento de dar una visión un poco más políticamente correcta en la que todo el público quede contento sin ofenderse o tener que pasar cierta vergüenza al salir del cine. Curiosamente, la sensación final es que la aceptación y los “buenismos” de la historia no se dan tanto como lucha frente a una odiosa discriminación, sino como mal menor frente a un enemigo mayor, los peligrosos rojos soviéticos que podían adelantarse en la carrera espacial (America first, expresión tan en boga hoy día..). De esta manera, esa aparentemente épica rotura de los carteles de los baños no es tanto un medio para integrar, como un medio para lograr ese objetivo de que las barras y estrellas ondeen antes que la hoz y el martillo. En todo caso, película ciertamente amena y ágil de ver, pero, insistimos, pobremente resuelta en lo que hace referencia al tema de denuncia de la discriminación.

 

El tema racial también se encuentra presente (aparentemente menos visible, aunque no es así), en la brillante “Fences” (2016, Denzel Washington), basada en la obra del desaparecido August Wilson, y que hace ya tres décadas obtuviera el Premio Pulitzer. Una película ambientada poco años antes que “Hidden figures” y que nos narra la historia de un barrendero, Troy Maxon (Denzel Washington), cuya vida como jugador de baseball profesional no pudo cuajar (“naciste antes de tiempo, Troy”, “no eras del color correcto”) por la prohibición de jugar en las grandes Ligas a los jugadores de raza negra hasta mediados de los cuarenta -el célebre Jackie Robinson sería el primero en hacerlo en 1947 –su historia se contó en la interesante “42” (Brian Helgeland, 2013)- ; limitaciones para vivir en libertad pero ninguna para ir morir a Europa tanto en la Gran Guerra (luego Primera) como la Segunda Guerra Mundial, o sufrir terribles secuelas como el hermano de Troy. Para esto, no había lógicamente prohibición alguna. Una vida condicionada por esa limitación, por las escasas oportunidades, por la asignación de puestos diferentes en función de la raza, y donde ésta se vincula de forma inmediata con la exclusión social. El tema policial judicial y penitenciario, por ejemplo, tantas veces injusto, en función del color de la piel, también se pone de manifiesto en diferentes momentos.

 

Dos películas muy recomendables, aunque de mucha mayor fuerza y calidad cinematográfica esta última. Y que compitieron en los últimos Oscar (la primera, tres nominaciones aunque ningún premio; la segunda, cuatro nominaciones y un premio merecidísimo para Viola Davis, en el papel de Rose, mujer de Troy), aplacando un poco el escándalo suscitado el año anterior y ayudando a olvidar un poco la campaña #OscarSoWhite que agitó entonces Hollywood.

Fernando Reviriego

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