Hazañas bélicas – por CHEMA BASTOS

El auge de la novela histórica ha plantado un bosque enorme, que me temo no nos deja admirar alguno de los árboles más frondosos. Aventar el grano para separar lo clásico de lo efímero exige cierta distancia, la que da el tiempo, y un superior criterio que en mi caso solo puede ser sustituido por entusiasmo y fascinación, la que me causan las tres novelas que propongo y el tema al que se refieren: la II Guerra Mundial.

 Los tres relatos presentan tres ángulos de visión totalmente distintos sobre la conflagración: la visión opuesta de la víctima y el victimario en dos de ellos, y la mirada de un testigo implicado en el otro. Pero las tres historias tienen detrás otras tantas experiencias vitales fuera de lo común y en cierto modo tan fascinantes como la ficción que engendraron. Además, los tres autores son de origen judío, los tres provienen de la Europa oriental, y a todos de algún modo les sirvió Francia de refugio.

SFSuite Francesa de Irène Némirovsky muestra el éxodo de los parisinos antes la inminente llegada de la Wehrmacht a la capital francesa, Con el estilo cínico y desencantado que caracteriza su obra, describa las distintas reacciones ante la pérdida, el miedo y la escasez repentina que la huida generan. La galería de personajes representa las diversas formas de afrontar lo que en ese momento histórico a la autora le parecía una calamidad, y que en realidad no era más que el preludio amargo de la historia real, mucho más trágica, que ella habría de vivir después.

Irène Némirovsky pertenecía a una familia del Imperio Ruso de origen judío, rica como solo los rusos podía –y pueden ahora – ser, que emigró a Francia tras la revolución bolchevique. Novelista de éxito en vida, en su obra fue muy crítica con la cultura judía, hasta el punto de rozar cierto antisemitismo de Self-hating Jew, que en todo caso no iba a librarla de la persecución nazi. Tras la ocupación alemana, Irene envió a sus hijos a provincias, al cuidado de su nanny, y ella permaneció en París con su marido, pues no estaba dispuesta a sufrir otro exilio. Los nazis, tan sutiles ellos, no consideraron su conversión al catolicismo, y en 1942 la enviaron a Auschwitz , en donde murió de tifus poco después. Su marido la siguió tres meses más tarde, para ser gaseado, mientras los hijos sin embargo sobrevivieron gracias al valor de su cuidadora, que los protegió incluso con riesgo para su vida.

En Las Benévolas, Jonathan Littell presenta el horror del Holocausto desde el punto de vista de los que lo perpetraron. El protagonista de la extensa novela, un oficial de las SS culto y sensible, participa en el genocidio con una profesionalidad y naturalidad que nos sitúa perfectamente ante la banalidad del mal que Hannah Arendt planteaba al narrar el juicio de Eichmann en Jerusalén.

De nacionalidad estadounidense, Little es también de origen judío – polaco, y también sus antecesores se refugiaron en Francia. Implicado en numerosas acciones humanitarias en todo el mundo, llegó incluso a ser secuestrado en Chechenia y fue gravemente herido cuando colaboraba con Acción contra el Hambre. Para completar su globalización personal, ahora reside en Barcelona.

VDAunque escrita hace unas décadas, Vida y Destino ha cobrado con el tiempo la máxima relevancia y se ha convertido en una de las novelas más importantes sobre este conflicto, hasta el punto de que empieza a ser un tópico denominarla como la “Guerra y Paz de la II Guerra Mundial”. Aprovechando su experiencia como periodista de guerra, Vasili Grossman construye con los ladrillos de lo cotidiano un edificio inmenso, una historia coral y grandiosa en la que sobrevive la naturaleza humana casi milagrosamente, entre el horror de la guerra y el totalitarismo

 La aventura de la propia novela merecería una novela propia. Si bien fue escrita en el período de  desestalinización que siguió a la muerte del dictador georgiano, la crítica al régimen soviético que contenía era tan valiente y lúcida como inadmisible para los censores de la URSS, que enviaron a la KGB al domicilio de Grossman para secuestrar el manuscrito y su copia en carbón. Tras la muerte del autor, un amigo pudo hacerse con la copia, microfilmarla y sacarla al extranjero con la ayuda de Shajarov: como no, a Francia. La novela fue finalmente publicada en los 80, y en la década pasada se ha erigido en una obra imprescindible. Aunque Vasili no pudo ver su obra publicada, al final el mundo tuvo ocasión de reconocer el talento y la honestidad de este periodista ejemplar.

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Chema Bastos

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