Hay algo raro en mi jefe, por CRISTINA LÓPEZ SCHÜMMER – #historias

Tengo miedo. Llevo una temporada pensando que hay algo raro en mi jefe. Al principio pensé que no había que darle importancia a los síntomas pero, según va pasando el tiempo, he empezado a atar cabos:
¡Creo que mi jefe es un vampiro!
En serio, no lo digo en broma, ¡creo que es un vampiro! No sé mucho de vampiros, la verdad; lo que sé se lo debo a Christopher Lee y a sus películas que tanto miedo me daban cuando era pequeño, pero es que tiene unos síntomas… ufff… yo cada vez lo voy viendo más y más claro. Y es que siempre está metido en su despacho a oscuras…no enciende nunca la luz ¡JAMÁS! ¿eso no es raro? yo desde luego lo veo rarísimo…
Así es que después de observar y estudiar detenidamente sus hábitos, he llegado a la conclusión de que si no fuera vampiro podría ser manchego (por eso de la obsesión por el ahorro), así es que me debato entre el terror y la preocupación porque ninguno de los dos casos sería bueno para nosotros. Y ya, lo peor que nos podría pasar, es que fuera un vampiro manchego…¡Eso sería una catástrofe!”
Ya sé que sólo con la obsesión de apagar la luz no se deben sacar tantas conclusiones pero es que lo de la luz es uno de los síntomas principales en ambas alternativas y lo sé bien porque he crecido oyendo el latiguillo “¡hijos míos, apagad la luces, que gasta!” en casa de mis abuelos. En cuanto a la obsesión de los vampiros por la oscuridad, es incuestionable.
Cuando llego por las mañanas, él ya está ahí sentado a oscuras y en silencio y cuando me voy por las tardes él sigue ahí metido, como si viviera en una cripta. No sale casi nunca, no se le conocen amigos y tiene un mal color…
Empecé a sospechar porque me sentía débil y confuso y gracias a Google he sacado mis propias conclusiones, y todo me va cuadrando. Los vampiros viven de las sangre de los mortales pero necesitan controlar sus impulsos porque si te chupan demasiada te conviertes en otro vampiro (lo que no es el caso porque entonces yo ya sería jefe); si te chupan la sangre de manera controlada consiguen tu fuerza y te hacen perder la memoria, con lo cual les sirves durante el tiempo que ellos quieran. Por eso me siento débil y algo confuso en los últimos tiempos, supongo.
He puesto un espejo en mi mesa para ver si se refleja pero ¡no hay manera de verle porque nunca se me acerca para nada! Así es que me paso todo el día moviendo el espejito de aquí para allá sin concentrarme y sin lograr nada. Paso horas y horas delante del ordenador, como si alguien controlara mi mente, y sin capacidad de decisión para levantarme e irme y – aquí viene lo del origen manchego, nuevamente – todo sin que me suban el sueldo desde hace años.
Estoy entrando en un estado de desesperación tal que para salir de dudas terminaré yendo con una ristra de ajos alrededor del cuello, y acabaré asomándome a su despacho con un crucifijo levantado delante de mí…
y ¡que sea lo que Dios quiera!

 

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Cristina López-Schümmer

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