Hace algún tiempos – por LUISA CRUZ PICALLO

Hace algún tiempos, cuando Ignacio tenía tres años le llevé a pasear por la huerta y al llegar a un peral se me ocurrió subirle entre dos ramas, sujetándole yo sus piernas con mis manos.  Su cara se iluminó, sonrió con esa sonrisa pícara de Ignacio y  desde aquella atalaya pudo descubrir por primera vez un mundo que a él le debió parecer maravilloso

-Babela, me dijo, con su media lengua, cando yo seya gande, gande y tu tagas pequeina yo te subidé a un álbol.

Mi nieto se ha hecho grande, grande, pero la perspectiva de que me suba a un árbol me causa un poco de prevención. Tal vez yo no me he hecho todavía tan pequeñina y con los árboles, con algunos árboles tengo un contencioso.

Cuando sopla fuerte el viento paso temblando bajo los árboles de mi calle. Fani llegó el otro día más alterada que de costumbre.

-Brrrr, brrrr, ramas y de todo, brrr

-¿Qué pasa?

-Hay una marea que pa qué, brrr y se ha montado una…que parece que se van a venir abajo, de ramas y hojas. Claro, como no se cortan, ni se amochan estos malditos árboles.

Fani tenía razón. A través de las ventanas se veían los árboles balanceándose de un lado a otro con una fuerza que parecía que iban a alcanzar los cristales, reventarles y entrar en las casas como tentáculos de un calamar gigante arrasándolo todo.

Los árboles de mi barrio no se podan desde hace más de veinte años, sus raíces han reventado todos  los alcorques dejando las aceras convertidas en pequeños volcanes . Al llegar la primavera los plátanos (creo que se llaman y no se bien porqué) causan a los pobres ciudadanos una pertinaz alergia que se hace insoportable con la caída de una especie de copos de algodón que lleva y trae el viento en un juego sucio y aburrido.

En mi tierra, Palencia cuidan mucho estos árboles a los que no dejan crecer, podándoles de manera que enlazando unos con otros formen un enrejado, que se convierte en una magnífica pérgola vegetal

Claro que está muy mal visto hablar de tala, pensé y recordé aquello de “No a la tala” pero qué porras, yo digo “Sí a la tala”, o mejor “No a la plantá” Que no se planten árboles que no se podan, que crecen sin medida, que no sirven para nada, que son feos, que producen alergias. No a la plantá…

-Pero ¿Qué dices, abuela, qué es eso de la plantá?

– Nada, una broma, la plantá de las fallas y la tala, que había que acabar con estos árboles horribles y de paso podrían cambiar el pavimento de las calles. Pero ¿A quién se le ha ocurrido poner esos espantosos adoquines de cemento, tercermundistas, grises, informes y que llevan ahí desde… ni sé los años que llevan ahí? Son adoquines franquistas, como poco. Son malos, se rompen. Todo el tiempo están de obras reponiéndolos.

– Pues alguien habrá hecho una fortuna con ellos.

– Si, supongo que sí y que estarán encantados con los árboles  que revientan aceras.

– Oye abuela ¿Qué es un alcorque?

– Manuel, ni yo misma lo sabía hasta hoy, es el hoyo que se hace alrededor de un árbol. Por cierto ¿Qué será un Alcorcón?

 

Luisa Cruz Picallo

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