Gutiérrez, el escribiente – por CHEMA BASTOS

Una de las categorías gramaticales que más riqueza aporta a una lengua es el uso de los modos verbales, lo que conocemos en castellano como el indicativo, el subjuntivo o el imperativo, que describen distintos aspectos de la acción verbal. La Administración Pública, en su constante afán por mejorar la vida de los ciudadanos, puede jactarse de haber añadido un modo gramatical propio a nuestro idioma, que es el modo administrativo. Si el subjuntivo por ejemplo sirve para referirse a lo irreal, lo esperado o deseado, o el imperativo para expresar un mandato; el modo administrativo tiene como principal utilidad facilitar al empleado público una de sus máximas aspiraciones: eludir la acción del verbo.

Es por esto que el modo administrativo se caracteriza sobre todo por el uso de las más variadas y complejas formas impersonales. Y es que no hay duda de que la manera de escaquearse de una actividad es esconder a su agente, que es el sujeto de una oración, y en tan noble afán los trabajadores de la Administración han desarrollado todas las modalidades posibles del famoso “Hay que”. Desde el sencillo “Sería conveniente que …” hasta fórmulas tan elaboradas como “ no es posible aplazar por más tiempo la imprescindible tarea de…” , el caso es dejar aloner than one o’clock a la pobre acción del verbo.

También se obtiene este resultado diluyendo como una molécula homeopática al sujeto activo en un grupo lo más amplio e indefinido posible. “Los distintos actores que participan en el procedimiento deberán extremar el cuidado para que…” Si el nosotros resulta lo suficientemente grande, la acción del verbo se volverá loca intentado encontrar un sujeto que la fecunde.

Los jefes tienen su propia forma de manejar el modo administrativo. El mejor y más extremo ejemplo es el empleo prosódico del pronombre reflexivo en forma enclítica, que es algo a lo que se recurre mucho en la Administración de Justicia, aunque nadie tiene ni puta idea de que se llamaba así, y menos yo si no lo hubiera mirado en la Wikipedia. Expresiones como “Únase al expediente…” “Líbrense las oportunas instrucciones” o “Ejecútese la presente resolución” vienen a querer decir algo así como “a mi me importa un pepino quien lo ha de hacer, no me molestéis con esas menudencias, discutid vosotros quien es el pringao que se come el marrón”. Si además al jefe le importa tanto quien ha de hacer la tarea, como que se haga o no, la acción verbal nuevamente se queda para vestir santos.

La menos sutil pero más contundente forma verbal del modo administrativo es el socorrido “No procede”. En esta fórmula, al pobre administrado se le deniega no solo lo solicitado, sino la también la posibilidad de saber quién ha decidido hacerle la puñeta, y mucho menos los motivos en los que se basa la decisión. No es que el funcionario deniegue nada, es que es la solicitud la que por sí misma “no procede”. Es la variante burocrática inversa del “no eres tú, soy yo” con el que se deja a una pareja. El “no procede” es de ese modo una denegación tautológica: lo que Usted pide no es posible, porque no puede ser.

Y es que en realidad, el conocido protagonista de la novela “Bartleby, el Escribiente”, de Herman Neville, cuyo nombre es sinónimo de la máxima inactividad, es en el fondo mucho más honrado, él respondía a todos los requerimientos con un inapelable y sincero “I would prefer not to,” (“preferiría no hacerlo”)

También en el campo semántico la Administración Pública ha realizado importantes aportaciones a la lingüística, desarrollando con el tiempo un auténtico dialecto administrativo, en el que el significado de las palabras se modifica con la misma finalidad del escaqueo. Analicemos algunos ejemplos que ilustren esta afirmación, con la colaboración de García y Gutiérrez, dos arquetipos de funcionario.

La palabra “llevar “, en administrativo podría definirse como la asignación de una tarea no atribuida a nadie en la ley, que asume un funcionario una vez por descarte de los demás y que permanece atribuida por tradición oral.

 – “¿Quien lleva el asunto de los expedientes de contratación?”

– “Eso lo lleva Gutiérrez”

 Y Gutiérrez llevará la contratación aunque se modifique la constitución, hasta que se jubile.

 “Comentar” es también un término que en administrativo se usa para librarse no tanto en este caso de una tarea como de una responsabilidad. Comentar es participar un hecho permitiendo al sujeto pasivo de la comunicación negar cualquier efecto a la misma.

 – “Pero, García, a Usted le había dicho Gutiérrez lo que estaba pasando… ¿por qué no hizo nada?

– “Hombre, algo me comentó sí…pero fue eso, un comentario”

 Así que a base de eludir tareas y responsabilidades, es muy posible que García sea llamado a ocupar puestos de superior jerarquía, según el viejo principio según el cual todo trabajador manifiestamente incompetente tiende a ser situado en el lugar en el que menos daño puede hacer a la organización, es decir, le hacen jefe. Y entonces empezará a usar el subdialecto de los que mandan, entre cuyas expresiones mi favorita es “dar una vuelta”. Darle a un asunto una vuelta es aplazar hasta la eternidad la ejecución de una propuesta de un subordinado, la cual es necesaria y útil, pero supone la asunción de un objetivo para el que la recibe, el cual además puede verse eclipsado.

 – “Muy buena idea, Gutiérrez, de verdad. Vamos a darle una vuelta, a ver cómo podemos hacerlo”

 En realidad todo este asunto está directamente relacionado con los distintos estudios que constituyen la Teoría General del Marrón, con su Teoría de la Relatividad del Marrón (El marrón ni se crea ni se destruye, solo se traspasa), el Análisis del Flujo de Marrones (Vid, Brown Floyd vs. Pink Floyd , Baterly & Garcia, 2002) o las Fórmulas de Endoso de Marrones (Brown Endosing). Mucho se podría hablar de este tema tan importante, pero es que eso no lo llevo yo, lo lleva Gutiérrez.

 ¿Cómo funciona pese a todo la Administración? Pues porque hay un montón de Gutiérrez que “llevan” las cosas, detectan los problemas y proponen soluciones; y muchos menos Garcías de lo que puede parecer. Y el día que encontramos la manera de dar a uno y otro lo que se merecen, esto va a ser mejor que Noruega, va a ser la República de Jauja.

 Chema

Chema Bastos

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