Guido Caprotti, el pintor olvidado – por LUISA CRUZ PICALLO

Pocas historias tan novelescas y románticas como la del pintor italiano Guido Caprotti Pacchetti. Y pocas veces una casualidad cambia el curso de la vida de un hombre.

En la primera mitad del siglo XX el aristócrata italiano conde Caprotti viaja desde Italia a España en tren. Una fría mañana de invierno el “rápido” que le conduce a Madrid se detiene al llegar a Ávila a causa de una intensa nevada. Imposible seguir el viaje ni en ferrocarril, ni menos aún por carretera.
¿Qué hacer, cuánto tiempo tendría que esperar en esta ciudad tan fría y sombría hasta llegar a Madrid?, se preguntaría Caprotti. La respuesta era sorprendente, aunque él no lo supiera todavía.

Guido Caprotti vivió en Ávila cuarenta y cinco años de su vida. Se casó con una abulense, formó una familia, allí se asentó en su sobrio palacio de Superunda. Desde Ávila recorrió medio mundo captando el alma de sus gentes, sus paisajes.

Y pintó, pintó, pintó con la elegancia de quien se ha criado entre obras de arte y ha tenido excelentes profesores. Pero lo que la pintura de Caprotti nos transmite va más allá de una perfección académica fruto de una magnífica formación pictórica y cultural.

Todos los cuadros de temática castellana, abulense con esas mujeres rubias, celtas y godas de pura cepa y los hombres sombríos de capas marrones con fondos de granito y azules velazqueños, todos esos cuadros ya consagrarían a Caprotti como un pintor excelso.

La etapa mejicana llena de color y fuerza, tan distinta de la anterior parecería de otro pintor. Ese es el talento y la capacidad creativa de Caprotti.

Pero pasamos de la admiración al asombro cuando contemplamos esos retratos de mujeres desde la más elegante y sofisticada a la más “maja” un poco al estilo de Romero de Torres. Y los soberbios desnudos femeninos, etéreos desnudos de Caprotti que reflejan su mirada limpia. Unos desnudos que presentan con respeto a la modelo como una poesía, no como un simple objeto de deseo.

Visité el museo Superunda de Ávila hace unos meses con mis amigas Menchu y Fátima. Nos entusiasmó a las tres. Pero el soberbio museo estaba vacío. No se podía entender.

La generosidad de la familia Caprotti y, en especial de su nuera Anabel hacen posible visitar este tesoro escondido en Ávila.

 

Colección Caprotti. Palacio de Superunda. Ávila

Luisa Cruz Picallo

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