Gualberto Ramírez (II) – por DANIEL CARAVELLA

Gualberto, el Galán Floreado, bien querido, y bien amado. Cuántas veces no se encontró con su compadre Custodio, que lloraba por los rincones, y a quien con un ramillete de lavanda consolaba.

Custodio Moroño.
¡Levántese coño!
Ya sabes por qué estás así.
Muchas veces te repetí,
que eres bueno por dentro
sensato y con talento.

Pero no sólo es lo interno
lo que tienes que cuidar.
Venga conmigo mi hermano
que usted y esos trapos,
al pilón se van a dar.

Y una vez limpio y peinado,
verá el mundo que planta,
sobre todo si se me perfuma
con estas flores de lavanda.

No se me descuide mucho
y mañana me lo repite
que si en esto no está ducho
“jumeará” a mapurite.

Las jóvenes casaderas, cuando sus novios andaban de farra por corrales ajenos, acudían a Gualberto que les regalaba versos, pero cobrando. Se daba un festín por parte de las mozas, y como las noticias corrían como la pólvora, en menos de un suspiro, los mozos regresaban al redil.

Niña luna
cómo te veo sola,
no tienes ni un mendrugo
para que te bese en la boca.

Déjame pues a mí,
que libe tan linda flor,
que de mi boca tendrás
amor, calor, pasión.

Salía flamante del lance nuestro querido Galán. Parecía un pavo real engalanado. Y aunque pueda resultar chocante, cuando las mozas andaban jugando a requiebros con los mozos, Gualberto era a los mozos a quien prestaba sus servicios, cobrándose con el mismo juicio. Y sea que por si acaso alguno se le malograra entre tanto besuqueo, corrían prestas la mozas a juntarse con sus Romeos.

 

Daniel Caravella

Daniel Caravella Ha publicado 132 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *