Greta Garbo tararea canciones de amor – por FERNANDO REVIRIEGO

El sonido de las ruedas se entrecruza en el pasillo con el ajetreo de las primeras luces. Apenas he dormido esta noche y estoy mareado de tanto ruido. Sonido de ruedas de todo tipo. Sillas de ruedas que llevan a Radioterapia. Sillas de ruedas que enfilan a la terraza. Sillas de ruedas vacías. ¿Qué se yo?

Quijotes que pasean con sueros rodantes en dirección a la Barataria más cercana con el objeto de encender un pitillo y dar alguna calada antes de que alguna enfermera malencarada les alcance con el extintor. Carros del desayuno. Carros de limpieza. Ruedas y ruedas en la Tercera Sur. Más ruedas que en Indianápolis.

A mi señora la están cambiando los vendajes así que aprovecharé para ir a comprar el Marca y tomarme un café con leche en el bar de enfrente; un lugar donde un rato no oleré a hospital.

Al girar la esquina y pasar por la última habitación antes de llegar al ascensor, Habitación 1, cama 22, veo que hay una nueva inquilina. Al anterior creo que lo empaquetaron de vuelta a la UCI ayer a media mañana. Lástima, parecía un buen tipo. Ojalá pueda volver a subir.

Al verla no puedo más que quedarme petrificado.
Es Greta Garbo rediviva. Impecablemente vestida. Inmaculada. Con traje blanco de tul. Casi de fiesta. Ajustado. Insinuante. Pelo blanco, liso, con una especie de corona que la estiliza. Zapatos blancos de tacón.
Entre el soniquete de las ruedas Greta Garbo sale al pasillo, como si bailara, tarareando canciones de amor. Entra y sale con la mirada altiva, también ausente, de quien parece que vive desde hace tiempo en otro mundo lejano.
Baila nuevamente como si sonara una orquestina.

De la habitación sale un olor a orín que se puede ver y tocar. Que te envuelve.. Ella parece que no lo nota o hace como que no lo nota; como si volara desde sus zapatos de tacón.
Nariz afilada. Ojos remarcados de negro. Cara casi embalsamada. Carmín. Saca su espejo redondo y plateado. Lo hace de espaldas a la puerta para verse y ver si la miran. Pero como no la van a mirar.

Entran sábanas limpias y el carro de las curas. Ella antes de salir lanza una mirada perdida por la ventana. Se ve la Dehesa de la Villa a lo lejos. Su mirada vuela y me imagino que recuerda algo.
Tiene años como para haber vivido la guerra así que me invento, como me pasó a mí, que cuando apenas era una niña su padre fue paseado por aquellos pinares por los que jamás ella volvió nunca.
Pero es solo un segundo.

Ya estamos otra vez. Siempre inventándome cuentos; en tiempos publiqué algunos, incluso varios premios. Aunque en los hospitales es simple autodefensa.

Greta Garbo vuelve. La niña asustada y llorosa, que yo me invento, desaparece. Detiene la mirada en la foto en blanco y negro de sus padres que ha traído a la repisa de la ventana junto a su Virgen, que desde aquí no puedo identificar de dónde es. A lo mejor de Lora del Río como la que tenía mi madre.
Lo único que no parece pertenecerle es una tira roja que la cuelga del cuello y donde reposa entre sus pechos un teléfono móvil.
Bolso de Carolina Herrera.

“-A mi lo bonito siempre me gustó.. es que me gusta lo bueno.. que culpa tengo yo..” le dice a la celadora que se afana todo lo rápido que puede en recoger las cosas para pasar a la siguiente cama.

Me hago el distraído para seguir viendo que ocurre. No se si ha advertido mi presencia, pero si es así lo disimula bien.

Greta Garbo comienza a tararear una vieja historia de amor mientras el olor a orines comienza a camuflarse entre litros de líquido de limpieza.

De todo este mes de hospital, el personaje más sugerente. Gratamente sorprendido.. Greta.. grata.. Si es que hasta tiene ritmo.

Greta Garbo tararea canciones de amor. Que buen título para un cuento… Ahora sólo me falta inventarme una historia. No será difícil en esta planta que no parece sino el reino de Hades del que habla mi nieta cuando leemos a Hércules.

Bueno, me voy que si no, no me va a dar tiempo a hacer el recado.
Ahora te veo Greta. No marches. Vuelvo enseguida.

 

Fernando Reviriego

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One comment

  1. Precioso y sobrecogedor. Enhorabuena por este texto que es cuento, relato, fantasía, … de todo un poco. Mucha vida señor autor.

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