Grandes detalles

Querido padre:

He sentido la necesidad de escribirte hoy. Estos últimos días he estado pensando mucho y concluyo que mi vida comienza a parecerse inmensamente a la tuya. Podría decir que es un sino de nuestra sangre, un impulso de las generaciones, un no se qué inexorable. Pero ahí está. Mi vida. Similarísima a tu vida. Tengo tanto que contarte…

Por fin he aprendido a bailar con mis demonios. Llevo ya varios años entrenando mente y corazón para soportar su presencia, su hedionda burla. Hacen sombras grotescas cuando se contorsionan, pero ya no se atreven a mirarme de frente. Siguen interrogándome, por supuesto, pero no he vuelto a conversar con ellos. Tantas veces me lo aconsejaste. Mi boca enmudece tras sus preguntas. Se vuelven éstas, cada vez más, absurdas y desesperadas. Tal como me decías que iba a ocurrir, mi silencio cae a plomo, inunda la noche. La callada por respuesta es algo que les revienta. En ocasiones me regodeo con el espectáculo. Es el placer de las iniciativas.

También he aprendido a quererme un poco más, a apreciarme en esos aspectos que al mundo pasan desapercibidos. Disfruto intentando mostrarlos al exterior, y es cierto que ellos no saben ver, no son capaces de ver. Los grandes detalles de uno son invisibles, ya me lo decías pero nunca fui capaz de entenderlo hasta topar con un ejemplo práctico y personalísimo. Creo que ni siquiera poniendo corazón y empeño lograrían verlos. Porque hay que entrenar, acostumbrarse, coger hábito, concentrarse.

Han pasado muchas cosas desde que falleciste, pero tengo siempre muy presente tus enseñanzas. Eras un superviviente de alta cuna, y en eso me estoy convirtiendo yo. La vida me aprieta, pero tengo tus armas. Las he llevado conmigo a donde quiera que fuese. Aprendí contigo la verdad más grande, que no todo es lo evidente, no todo se engloba en el éxito que la sociedad te otorga. Antes lo intuía, cuando tú me lo contabas. Ahora lo sé.  

Guardo tus palabras, todas esas que entonabas con gravedad. Todas en las que quisiste dar vida a mi alma y soporte a mi existencia. Ese ha sido tu mayor éxito en la vida. Tus enseñanzas. Para mi persona. Estoy dando buena cuenta de ellas y no puedo estar más agradecida.

Tu hija que te quiere.

 

 

Mar_y_Cielo_Azul

Elena Silvela

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