Gaudencio Costa y el arte de escribir – por PEDRO PABLO MIRALLES #relato

A la memoria de Daniel Alberto Crescimbeni

 

El trazo de la escritura ya no era el mismo sino tembloroso como los dedos de sus manos que sujetaban el lápiz con punta sacada malamente a cuchillo. Pero ese trazo no se correspondía con el aplomo de su pensamiento, cada día más asentado y certero, que quedaba fielmente reflejado en prosa y poesía. Como tenía dicho, “si alguien me lee y no entiende, que se lo imagine o que deje de leerme, carajo, que aprenda a descifrar o que se invente lo que le venga en gana, que a mí no me importa”.

De otra parte, Laurita no le podía pasar los textos a máquina en la Hispano Olivetti Studio 46 negra que, bien a su pesar, se vio obligado a dejar en México a un amigo de juergas y parrandas, para evitar el exceso de equipaje en el aeropuerto, dos bultos llenos de libros, muy poquita ropa, “adiós Olivetti y que te vaya bonito”.

Ahora lo que escribía quedaba como siempre plasmado en hojas sueltas y cuadernos con tapa de hule de toda la vida, pero con trazo tembloroso. Rechazó hacerse con una computadora a pesar de que le aseguraban que poca diferencia habría con la Olivetti si escribiese con times new roman 12 y, además, podría poner un poquito de orden a sus escritos por medio de carpetas y archivos informáticos. “¡Modernidades a mí, a estas alturas de la vida! y luego viene eso de los virus, los hackers, que los ordenadores se quedan colgados y pierden toda la información. A esos aparatos no les puedes mirar frente a frente por cobardes”.

Tampoco era nuevo para Gaudencio Costa, mantener su negativa rotunda a los ofrecimientos que le hacían para dirigir o participar como escritor consagrado, “¡mentira!”, en talleres de literatura. Aseguraba que “son unos sacaperras y, además, aunque no cobren, que los hay, son una pérdida de tiempo, el arte de escribir es de quien lo lleva dentro, no se puede enseñar, el mejor taller de escritura es el de la vida, darse de golpes y aprender a defenderse, esas reuniones a veces interminables según me dicen, no son más que fuegos de artificio a la moda desde hace años, ¡tequila adulterado para la escritura!”.

Solitude
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Pedro Pablo Miralles

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2 comments

  1. Relato dedicado a Daniel Crescimbeni
    Y esta Claro que a Dan le hubiera gustado,y hasta creo saber que oraciones hubiese paladeado con detenimiento y sonrisa en los ojos…
    …“si alguien me lee y no entiende, que se lo imagine o que deje de leerme, carajo, que aprenda a descifrar o que se invente lo que le venga en gana, que a mí no me importa”.
    …A esos aparatos no les puedes mirar frente a frente por cobardes
    …el mejor taller de escritura es el de la vida, darse de golpes y aprender a defenderse, esas reuniones a veces interminables según me dicen, no son más que fuegos de artificio a la moda desde hace años, ¡tequila adulterado para la escritura!”.
    Precioso.
    A tantos días de extrañarlo,a tantos años de quererlo, a pocos días del aniversario de su perdida, me llena de emocion encontrar mas seres de sus queridos que lo recuerden.
    Y esa fotografía me sigue sonando a Dani…!
    Gracias Pedro!.
    An.

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