Fumando espera al amor que no llega – por ALISA DE TREVI

El humo me arrebata la garganta, me rasco el paladar con él. Tiro el bolígrafo, echo mano al vaquero: ya no estás. Levanto la cabeza de la partitura buscando algún consuelo, el cielo me devuelve la mirada, la noche fuma y la brisa arrastra las volutas de nubes sobre mí. Miro alrededor, la terraza está semidesierta, salvo por ella que me da la espalda; y él, al que inspiro con odio y con placer. Una y otra vez te trae a mí el viento, te respiro, me lleno por dentro, mi vientre me saluda bajo la camisa de rayas, hasta que ya no puedo más y tu melena rubia hace toser mi corazón. Desato el puño de mi mano, me dejo llevar, ahí vienes: bocanada; ella te exhala y yo bebo de los restos, de su saliva y de tus labios.

 Observándote, me avispea la lengua. Engullo un trago de cerveza. Podría levantarme, sacar unas monedas y comprarte. Pero te he tirado a la cuneta, he roto con lo nuestro, se acabó el juego del “¿me das fuego?”. La nuestra ha sido una relación seria, la única en la que la brasa del amor me ha durado, hasta hoy. Adiós al intercambio de chispas con desconocidas, adiós a las miradas de lumbre en cuevas hechas con las palmas. Mis dedos, que han prendado tantos y tantos mecheros, para después, dejarlos caer en el olvido. He apagado mi vida en tantos ceniceros ajenos… Y sólo tú eras la constante en este ir y venir de caladas.

Podría levantarme, ahora mismo, por qué no lo hago, ¿a qué carajo estoy esperando! Levantarme, partir, solo, volver a mi balcón, solo, donde ya no fumo esperando encontrar una estrella en este cielo sitiado de ciudad. Podría levantarme, ahora mismo, cambiarme de lugar, continuar emborrachándome con acordes, dejar de fumarte por la espalda, esa que vistes llena de ascuas. Pero ahí llegas, de nuevo, una risa envuelta en un lazo gris que se deshace en los dedos del viento. Me exhalo. Te inspiro. Poseo el hálito que me habita, lo suelto, lo dejo volar, poco a poco abro la boca y, me escapo, a donde podamos estar:

Saboreo nuestro primer beso, fue en el parque, siendo un crío, –como ahora–, era de noche y la brisa hacía volteretas con tu pelo, humedecido por el vapor de la hierba. Siendo uno más del coro, mi paladar te acogió en un pacto de complicidad, tu sabor me arrebató la garganta. Hasta hoy. Para no estar solo, comencé a fumar para no estar solo, después, me sentía solo, fumaba y bebía porque me sentía solo. Hasta hoy, sólo.

La observo, juega con él en su mano. Su mano tallada en cuarzo lo sostiene con gracia, como si de un pincel se tratara. Tu codo os hace de caballete sobre el brazo de la silla. Te giras hablándole al camarero. Al fin te veo. Tu perfil te hace justicia. El frío de la cerveza no me serena. Podría enamorarme de ti esta noche, y sin embargo mantengo la distancia de un pentagrama. Por ti, por mí, para que haya algún nosotros posible, el de las notas saltando a mi compás. Podría enamorarme de ti esta noche, dejarme mecer en el hilo de tu voz… una caricia de pestañas en clave de Platón. Te observo, fumando, acariciando la boquilla del filtro, sonrío, deseo que acaricies aunque no sea la mía, una boca. Será la mía cuando te escriba, serás mía cuando te cante. La ternura de la comisura de tus ojos. Podría enamorarme de ti esta noche y todas las noches que quedan por venir, sólo para volver a convertirme en colilla, y a ti, en canción.

 Podría dejar de escribir, cerrar el cuaderno de música, levantarme, acercarme a tu hombro repitiéndome que sólo será uno: el último. Pedirte un cigarro. Ver tus ojos sondearme. Explicarte que lo estoy dejando, sonriéndote con las manos sumergidas en los bolsillos. Ella, alargando su brazo hasta mí, acercándome el pitillo, el mismo que ha estado entre sus labios. Disculpándose porque no tiene más, porque es su último; confesándome que también ella está tratando de dejarlo. Qué coincidencia, como dos almas especulares.

Su mano, suspendida entre nosotros, con todas sus yemas expuestas, sosteniendo una vela de cumpleaños. Pido un deseo. No sé si soplar, o volver a fumarlo. Y el humo, que me arrebata la garganta. Con las manos sumergidas en los bolsillos, fumándome, espero.

 

Gracias a Eme y a Ese por permitirme

convertirlos en personaje y en modelo,

a Bigornia por el atrezzo

y a E por los efectos especiales.

Alisa De Trevi

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