¿Existir o ser?, esa es la pregunta – por ROSA H. MULA

Anna Quindlen

Hacía tiempo –mucho– que no repasaba los escritos de Anna Quindlen y hace unos días, haciendo limpieza frenética de papeles, me topé con su pequeño A short life to a happy life.

No recordaba de qué trataba así que me senté entre un montón de bolsas de basura llenas de borradores, catálogos y mapas y sillones y mesitas atestadas de papeles que intentaba clasificar con poco éxito. Le eché un ojo en diagonal mientras mi mente se aferraba al temaorden de mi despacho.

 
Sus sensatísimas palabras y su estilo natural, humilde y de pocos aspavientos captaron mi atención y el orden pasó a segundo plano. Por supuesto, la mía es una traducción apresurada de sus palabras y espero que una interpretación certera de las mismas. De cualquier manera, en inglés o en español, este fragmento no tiene desperdicio en referencia al tema que más nos importa: nuestra felicidad.
Disfrutad este manojo de sabias palabras.
“…Pero eres la única persona en el mundo que tiene la custodia de su propia vida. Tu vida excepcional. Toda tu vida. No solo tu vida en un despacho, o tu vida en el autobús, o en el coche o frente al ordenador. No solo la vida de tu mente sino la vida de tu corazón. No solo tu cuenta corriente sino tu alma.
La gente no habla ya mucho acerca del alma. Es mucho más fácil escribir un currículum que elaborar artesanalmente un espíritu. Pero un currículum es un frío consuelo en una noche de invierno, o cuando estás triste, o roto, o cuando te sientes solo, o cuando te dan los resultados de una radiografía y no son buenas noticias, o cuando el doctor escribe en tu ficha: pronóstico, grave.
Este es mi currículum. No es lo que dice mi biografía profesional, a pesar de que estoy orgullosa de ella:
Soy una buena madre de tres hijos buenos.  Nunca ha sido mi intención dejar que mi profesión sea un obstáculo en mi camino como madre. Ya no me considero el centro del universo. Hago acto de presencia. Escucho. Intento reír.
Soy una buena amiga para mi marido. He intentado que mis votos matrimoniales signifiquen lo que dicen. Hago acto de presencia. Escucho. Intento reír.
Soy una buena amiga para mis amigos y ellos lo son para mi. Sin ellos no tendría nada interesante de lo que hablar con nadie porque sin ellos yo sería un trozo de cartulina en blanco. Pero les llamo por teléfono y quedo con ellos para comer. Hago acto de presencia. Escucho. Intento reír.
En el mejor de los casos, sería mediocre en mi trabajo si todas esas otras cosas no fueran verdad. Nunca podrás ser excelente en tu trabajo si tu trabajo es todo lo que eres. Así que supongo que el mejor consejo que puedo darle a cualquiera es muy simple: consíguete una vida. Una vida real, no una maníaca persecución del próximo ascenso, la mejor paga, la casa más grande. ¿Crees que esas cosas te importarían tanto si una tarde desarrollaras un aneurisma o hubieras encontrado un bulto en tu pecho mientras te duchabas?
Consíguete una vida en la que notes el olor del agua salada impulsándose con la brisa sobre las dunas; una vida en la que te pares y mires como un halcón de cresta roja planea sobre un estanque o un pinar. Consíguete una vida en la que prestes atención al niño que frunce el ceño concentrándose en alcanzar una Oreo del estante de la cocina.
Apaga tu teléfono móvil. O tu teléfono fijo, igual da. Mantente tranquilo. Estate presente.
Consíguete una vida en la que no estés solo. Encuentra gente que te ame y a quien ames. Y recuerda que el amor no es ocio sino trabajo. Cada vez que contemplo mi diploma recuerdo que aún soy estudiante, todavía aprendiendo a diario cómo ser humana. Envía un e-mail. Escribe una carta. Besa a tu madre. Abraza a tu padre.
Consíguete una vida en la que seas generoso. Mira cómo las azaleas crean capullos estrellados de color fucsia a tu alrededor cada primavera; mira la luna llena vestida de plata en un cielo negro durante una noche fría. Y entiende que la vida es gloriosa y que no puedes darla por sentada. Cuida con tanto esmero sus bondades que quieras desplegarla a todo tu alrededor.
Toma el dinero que hubieras gastado en tomarte unas cervezas en el bar y entrégalo a una buena causa. Trabaja como voluntaria en un comedor social. Da clases a un niño de séptimo curso.
Todos nosotros sin excepción queremos hacerlo bien pero si no hacemos también el bien hacerlo bien nunca nos parecerá suficiente.
Exprime hasta el más pequeño momento; vívelo porque, bueno o malo, nunca volverá de forma idéntica.
La vida es corta. Recuerda ésto también. Nos resulta tan fácil malgastar nuestras vidas: nuestros días, nuestras horas, nuestros minutos no disfrutados.
Cuando empieces a vivir de esta manera habrá un antes y un después en cada uno de tus días…”
Ahí es nada.
Sigo con mi orden en casa; ahora mismo ese orden es una parte importante de esa vida que quiero conseguir para mí.
Haré acto de presencia. Escucharé. Intentaré reír. Aunque por el momento un contenedor medio lleno de papeles, a la puerta del jardín, sea el único testigo de ello. Junto conmigo.
felicidad_elefante

 

Rosa H. Mula

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