ETAPA 2: Burdeos-Houlgate – por PILAR RUBIO

Houlgate, más de 600km después, está lloviendo. Houlgate es una población y comuna francesa, situada en la región de Baja Normandía, departamento de Calvados, dice la Wikipedia como entrada. Lo que no dice es que es la primera vez que oímos el mar en este viaje. Ni que se acuesta a las 9 de la noche. Ni de una cena tardía una hora más tarde a base de caritativas crepes de chocolate. Ni que tiene un casino tan muerto el 2 de agosto, que nos hace dudar si es lugar de juego y disipación o supermercado cerrado. No habla de sus caminos boscosos, entre casas con vigas vistas de madera y tejados picudos forrados de pizarra. Ni de la sensación de que te miran por moreno, bajito, ruidoso. Comienza la experiencia de llegar siempre demasiado tarde a todas partes. Ya nos sentimos guiris.

Étretat. Está lleno. Lleno de gente de todas partes. Se oyen mil idiomas hablados a la vez. Filas de hormigas subiendo a acantilados infinitos. Nosotros formamos parte de la fila, la gente, los idiomas. Selfies y fotos para intentar no olvidar. Viento. Maravilloso viento que te vuela. El mar, desde allá arriba, es un plato relleno de agua gris. Soñamos Inglaterra al otro lado. Contactamos con la cultura autóctona a través de moules frites. La aprobamos. Sin más. Nada que ver con la futura pasión por las crepes de blé noir, dentro de unos kilómetros y días, en Bretaña.
Las tardes en Honfleur son decadentes, viendo caer el sol en las terrazas entre edificios de variados tonos grises, cara al mar. Terrazas con las sillas enfiladas como asientos de cines. Disciplina. Personas silenciosas que esperan a la noche.

Casi se ha hecho de noche en la playa de Omaha. Inesperadamente emocionados, caminamos por ella. Recordamos La Guerra Con Mayúsculas. Fotos en blanco y negro, rostros de adolescentes sucios de barro y miedo que esperan no morir. Enfrente, otros adolescentes invasores, quizá hasta tan crueles como narran los libros, las películas. Hablamos de locuras colectivas, “nacionales”, que calman nuestra angustia de lo incierto, de tener que pensar en lo que eres y en lo que quieres ser.

Admiramos, con un punto de culpa, banderas flameantes. Tal vez nadie es inmune a la Leyenda. Quizá no haya lenguaje más perfecto que la Épica. Sea por lo que fuere, menos mal que existió ese Desembarco, concluimos.

Respeto a muchos más de 8000 muertos.

 

 

Pilar Rubio

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2 comments

  1. Precioso relato y bien escrito. Lugares dignos de conocerse. La France, vive la France!
    ¿Cuántos capítulos más? Espero ansioso.

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