¿Está tu gato planeando matarte?, por PILAR RUBIO – #relatos

 

Yo sé muy bien que no tienen razón, tienen envidia. Envidia de lo que compartimos, de tardes silenciosas, de noches en que te metes debajo de mi cama. Es por eso que mi madre se empeña en llevarte con ella. A pesar del trabajo que dice que le das. Y tú ¿querrías marcharte? Hay algo indescifrable en tus pisadas. Te intuyo caminar en un silencio incierto, almohadillando dudas.

También tienen envidia mis amigos. De tus ojos de infancia, de tu gesto mimoso, de ese calor suave que tú das, de tu silencio, cuando te acaricio mientras leo.

¿Qué pensarás de mí? ¿Qué verás, desde allí, desde el sofá de al lado? ¿Cómo seré? ¿Me escribirá alguien una vez? ¿Qué le contarías tú? Podría empezar así. Mujer, mediana edad. Jode eso de “mediana edad”. Ni grande ni pequeña, ni joven ni aún vieja, dejándote vivir, flotando hacia la costa, dentro de una generación que, como todas, no quiere envejecer. Mediana edad decía, y mediano trabajo. No es que sea malo. No es que sea excepcional. Es lo que es. Me excitaría mi oficio, estoy segura, si pudiera escapar de la experiencia. Si volviera a empezar. O sólo si volviera. En cambio aquí me tienes. En una jaula con barrotes de pericia, de consejos gestados por los años, de cosas que aprendí, de planes que inventé, de aburrimiento.

Tan presa como tú, ni más ni menos, cuando empujando el cristal de la terraza, intentas que te abra. Como tú dentro de esa terraza, también a veces quiero salir de mis paredes, cambiar de aires. También golpeo un cristal, que quizás abran. No depende de mí, de ti tampoco. En esto, como en tantas cosas, nos entendemos bien. Sabemos esperar a otra ocasión.

Aunque a mí, a veces, me falle la paciencia. Varada en oficinas, como un barco de vela en calma chicha, el tiempo se enlentece. Tengo mucho que hacer. Quiero escuchar más músicas extrañas, interpretar papeles de comedia, y recordarlos riendo a carcajadas. Hay muchas emociones que imitar, y tardes que emplear en charlas importantes por triviales. En palomitas y pelis por la tele, en rebeliones, en guerras que parar o que ganar .

Imagino que, a veces, te gustaría escapar igual que a mí. Quizá también tu mundo sea más ancho. Los muros de cristal destruyen porque engañan. Se puede ver el mundo que hay detrás, se puede casi oler, y cuando extiendes la mano, chocas con algo frío que te impide llegar. Que no decides tú. Que no debes romper.

Alguien me dijo que tú planeas matarme. Que todos sois así. Yo sé que no es verdad. Lo dicen por joder ¿Adónde irías sin mí? Si tiemblas cuando ves a gente por la casa. Y te metes debajo de la cama con un maullido agudo. Te acostumbraste ya a los días iguales. Si pudieras, ¿abrirías sola la puerta de cristal?, ¿qué harías entonces ¿huirías? ¿me dejarías atrás sin ningún gesto?. Y si un día pudiera ¿Abriría yo mi puerta? No somos muy distintas. Quizá yo también temblaría al encontrar gigantes.

 

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Pilar Rubio

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