Esperando a la vida

Casi un mes después de terminar el año y darle la bienvenida y paso a otro, me siento frente a la pantalla, esa misma pantalla que os acoge a todos vosotros y a través de la cual compartimos días y encuentro unas líneas que escribí hace ya cuatro años.

Prácticamente la historia se repite. Intentamos hacer algo nuevo, distinto, que nos haga salir de la rutina para, al terminar el año, mirar hacia atrás y pensar, un año más… Y lo olvidamos. Y miramos hacia adelante muchas veces sin un rumbo fijo como buscando algo que nos empuje a seguir caminando.

Es curioso que miremos hacia adelante buscando ese empuje cuando normalmente si te han de impulsar lo normal es que sea desde detrás. ¿Y si estamos equivocados en la perspectiva? ¿Y si lo realmente interesante se encuentra en todo lo que hemos hecho a lo largo de nuestra vida y no únicamente en lo que podríamos hacer? ¿Y si confundimos lo que podemos hacer con lo que queremos hacer? ¿Querer es realmente poder? Porque no necesariamente el poder hacer algo significa que quieras hacerlo. Pero… ¿Y al contrario? ¿Basamos nuestra vida en motivaciones contínuas en un irrefrenable deseo de buscar lo diferente? Puede ser. Nuestro afán por saciar nuestra curiosidad es enorme. Y cuando la hemos satisfecho buscamos otras metas para seguir.

Se nos ha marchado un año más. Siempre he dicho que cuando miramos hacia atrás, aparece ese sentimiento llamado nostalgia que hace que, por momentos, viajemos al mundo de los recuerdos y nos demos un paseo por él. Y ese mundo es un lugar que nos recibe sin condiciones, ni de lugar, ni de momento. Y no sabemos por qué extraña razón, la nostalgia se convierte en añoranza. Y crece en nosotros la sensación de que es cierto aquello de que cualquier tiempo pasado, siempre fue mejor…

Y mientras tanto, mientras recordamos el pasado desde esa nostalgia y esperamos al futuro con ansiosa curiosidad, el presente demanda nuestra atención.

Deberíamos recordar algo. El pasado nace del presente que hacemos a diario. No os olvidéis de él, no… Dejad que de vez en cuando os transmita esa alegría que todos sentimos cuando le visitamos. Pero disfrutad del día a día. Hacedlo, con las mismas ganas y ansiedad con las que esperamos a nuestro futuro. Y compartidlo. Compartido con todos. Con vuestra gente. Con vuestros amigos. Abriros al mundo. Dejad que ellos también compartan con vosotros sus alegrías y sus penas, lo que les gusta y lo que no. Empatizad con quien os abre su propio mundo. Vivid vuestra vida viviendo la de quien decide vivirla con vosotros. Y disfrutad. Disfrutad de ello.

Que el presente sea el principal camino para tener un pasado que merezca la pena recordar y que sobre eso hagamos un futuro que seguro podemos hacer mejor entre todos. Al fin y al cabo, tenemos toda la vida por delante.

“Toda vida merece ser vivida con la mayor de las ilusiones y recordada con la mayor de las sonrisas”.

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J. Javier Checa

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2 comments

  1. Un relato está vivo gracias a la vida que le da quien lo lee Stella. Si quieres vivir más te invito a que leas la revista. Relatos deliciosos. Besos!

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