Escarceo – por LOLA SÁNCHEZ LÁZARO #EspañaenRetales #CatalinadeAragón

Catalina resistía uno tras otro los embarazos fallidos o la muerte posterior de sus hijos; su entereza, semblanza y fe la ayudaron en un camino tortuoso, paseando confiada entre acantilados resbaladizos. Involucrada en los grandes asuntos europeos, su posición se afianzaba; además de ser una reina querida por los ingleses, en su haber sumaba ser sobrina del Emperador; una ventaja que no pasaba inadvertida para sus detractores, el cardenal Wolsey entre ellos.

La alianza matrimonial acordada de la pequeña María con el delfín de Francia flotó en las aguas del olvido, el nuevo compromiso venía de  mano española; Carlos sería el prometido. El objetivo de Catalina, unir España e Inglaterra, se acercaba más que nunca. Pero el destino es caprichoso, flota en un mar que lo mece o zarandea a su capricho. Carlos V dejó de necesitar a Inglaterra, se alejó de ella, rompió su compromiso ligándose a una princesa portuguesa. El antiespañolismo creció con la rapidez y fuerza de una tormenta tropical. Catalina perdía posiciones frente al rey, Wolsey las ganaba.

Un nubarrón de desconfianza, temores y sospechas fue cubriendo la otrora feliz corte de Enrique VIII. La reina poco a poco se había quedado rezagada en el camino, su marido ya no acudía a ella, los ojos de Enrique hacía tiempo que no la veían, pasaban fugazmente por su figura hasta dar con la de aquella dama, Ana Bolena. Marcada a fuego en su mente y corazón, la pasión del rey crecía a un ritmo vertiginoso.

Catalina se removió interiormente; aunque al principio no prestó demasiada atención a otro de los devaneos de su marido, no en vano la hermana del actual capricho había compartido lecho con el rey, pronto supo que Ana, su dama, no era un juego, no era un pasatiempo como las demás, se enfrentaba a una gran rival. Lo que comenzó como un leve pinchazo se fue convirtiendo en una punzada cada vez más profunda y dolorosa que perforaba cuerpo y alma.  Algo le susurraba que sus dieciocho años de matrimonio corrían peligro. Y no se equivocaba.

 

María en su compromiso con Carlos, de L. Horenbout

Lola Sánchez Lázaro

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