Escapar al destino no es fácil – por FERNANDO REVIRIEGO

Escapó a su destino tres veces.

La primera, una noche brava y extraña en una mar oscura y tenebrosa, en la que una parpadeante estrella, que jamás había visto hasta entonces (tampoco luego), logró guiarle en su huida.

La segunda, ya en tierra, en una calleja del puerto tras una noche de putas en la que un tuerto malencarado quiso pagar su mal fario con un cualquiera y se topó con la horma de su zapato.

La tercera, cuando un juez orondo y borrachín determinó que no era culpable, y por tanto no sentenciado a muerte, tras el asesinato de un tuerto malencarado; quizá por falta de pruebas como se dijo en la sala, quizá por haber coincidido con aquel en el prostíbulo unas horas antes.

La cuarta ya no fue posible… pues el destino es tenaz y obstinado, y le pilló atragantado un día de nochevieja, unos segundos antes del cambio de año.

Ni siquiera llegó a escuchar el comienzo de los juegos artificiales, que siempre le habían gustado desde pequeño. Un nuevo año de sueños y esperanzas que ya no podría ver.

Comenzaba 1914.

 

Fernando Reviriego

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