En su segunda vida – por ELENA SILVELA

Ayer fue el ultimo día de su primera vida. Hoy, para comenzar la segunda, esa que no se va a parecer nada a la anterior, lleva más de seis horas y desde bien temprano ordenando con furia. Los armarios, los cajones, el salón, el dormitorio. La ropa está dispuesta en un orden cuasi militar en los estantes del dormitorio. Ha colocado de nuevo todos los miles de botes, perfumes, cremas y lociones en las estanterías del cuarto de baño. La cocina refulge, como si jamás se hubiera utilizado. La vajilla brilla, no hay ningún plato o taza que sobresalga en la alacena de cristal. Pulcritud absoluta. Parece que con el trajín se han acallado los pensamientos. Putos pensamientos.
El trabajo mortifica y además resucita. Y el orden físico de alguna forma ordena el caos psíquico. Desde la esquina soleada del salón contempla la casa. Puede ver la cocina, el distribuidor y dos de las habitaciones. El silencio y la luminosidad le caen sobre el cuerpo cual bálsamo. Menos mal que es primavera. Intenta desechar todo pensamiento que no sea constructivo. Es una labor de voluntad infinita, como también lo es desaprender a querer. Ambas actividades dejan exhausta a la más recóndita neurona.
Incluso para dejar de pensar hay que pensar. Un pensamiento puede ser quedo pero siempre vive, sobrevive a las mutilaciones de uno mismo y de ajenos. Y acaba de un modo y otro alzándose victorioso, saliendo a la superficie incluso con mayor saña que la vez anterior. Barrunta todo esto mientras evita mirar hacia la entrada. Ahí están todas las cajas de su primera vida, empaquetadas en cartón de tercera mano todas las pertenencias de él. La ropa de él. Los documentos de él. Las absurdas colecciones de él.
En su segunda vida quiere orden. Espacio, luz y orden. En su segunda vida quiere paz, aunque no lleve consigo amor. Quiere paz, aunque no haya éxito ni lujos. En su segunda vida nada puede parecerse a la primera. En su segunda vida no habitará él, ni dirigirá él. Su segunda vida estará bien, lo presiente. Comprueba en el espejo que el moratón en el carrillo está adquiriendo ya un tono amarillento. Su boca esboza una media sonrisa. No es de felicidad, sólo es de alivio.

 

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Foto de ELENA SILVELA

 

Elena Silvela

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