En silencio – por DANIEL CARAVELLA

En el camino estábamos todos, en fila, repeinados, «en silencio». La «seño» repitió  una tras otra que el silencio debía ser absoluto una vez que fuéramos pasando bajo el umbral de aquella puerta. En mi cabeza resuena aquel «en silencio» diferente a todos los que he escuchado en mi  vida. Fue sórdido, aborrecible, y con el transcurrir de los años, de traición. Como manada de corderos fuimos desfilando desde el Colegio los quinientos o seiscientos metros que nos separaban de nuestro destino. Nueve años da para comprender muchas cosas pero aquella, así de improviso, no sé si alguno de nosotros llegamos  a comprender y a olvidar alguna vez.

En el Umbral de la puerta un cartel  «Funeraria Vallés». Guiados entre serpenteantes pasillos, una vez más «en silencio», nos enfilaron a una puerta concurrida por la pena, el dolor, el llanto, la desesperanza. Uno a uno fuimos haciendo acto obligado de ver el cuerpo yacente de nuestro compañero René. La maldita cuerda de una hamaca se lo había llevado para siempre. Odio ese «en silencio» pues jamás pudimos despedirnos de René. «En silencio» se perpetro el «hemos cumplido» de algún adulto, que llenó de gritos de tristeza nuestros corazones enmudecidos.

Ha pasado el tiempo y ahí sigues en el recuerdo, «en silencio», durmiendo, aunque tú no eras así. ¡Un abrazo René!, ahora sí, a voz en grito.

En Silencio

Daniel Caravella

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