En la frontera, por ELENA SILVELA – #escritos

Estaba a punto de pasar. La prueba de fuego era cruzar la frontera.

Aquello no tenía marcha atrás, pues ya le había dado el alto un policía. Su aspecto realmente era autóctono, de ademán determinado. Mirada de hielo azul casi cristalina. Fuerte como un toro y aparentemente muy bien preparado para cualquier imprevisto. La documentación falsa había pasado inadvertida. Eso no le preocupaba en absoluto, se fiaba a ciegas de las manitas todopoderosas de su socio. Siempre había sido un crack.

Fueron unos segundos eternos. El guardia cerró el pasaporte y le preguntó, sin dejar de mirarle. En ruso. Claro y alto. Una gota de sudor bajó por detrás de su oreja derecha. Se acordó de su hermana, sin trabajo, pidiendo auxilio desde un teléfono del orfanato. Había estudiado el idioma con ahínco, a razón de dieciséis horas diarias. El acento era crucial y había contratado a un logopeda especialista. Nada podía fallar. Tenía que llegar a ese lugar fantasmal y llevársela. En la última conversación comprendió que moriría de pena. Tomó aire y expandió el pecho. Colocó la lengua en el paladar, tal y como le había enseñado el logopeda. Pronunció la respuesta, más corta que la que había ensayado. “Voy a las afueras de Moscú. A visitar a mis tíos.” No quiso juzgar su propio acento, pero cruzo los dedos de ambas manos con fuerza y elevó una plegaria silenciosa. El policía de ojos azules casi cristalinos seguía mirándole. Sin emoción. Pasaron otros segundos, éstos más eternos. Volvió aquél a abrir el pasaporte, en la página de la fotografía. Y le miró, de nuevo. Pensó que se desmayaría de tensión.

Escuchó el salvoconducto. “Puede pasar.” Nunca recuerda si sonrió al policía o no. Pero sí guarda muy bien la sensación. Al caminar, le temblaban todos los músculos de las pantorrillas y las manos le sudaban profusamente. No quiso guardar el pasaporte en la chaqueta, no hubiera sido capaz.  Logró empezar a correr hacia la estación de autobuses cuando esa maldita frontera se perdió en los confines de su visión.

Estaba dentro del país. Ya podía recoger a su hermana. Lo que viniera después era más sencillo que lo que acababa de hacer. Mucho más sencillo.

paisaje ruso

 

Elena Silvela

Elena Silvela Ha publicado 346 entradas.

Abogado especialista en Unión Europea, Derecho Marítimo, Responsabilidad Social Corporativa y Relaciones Internacionales. Editora accidental. Escritora multidisciplinar, por convicción y afición.

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