En la capilla del Hospital del Niño Jesús (16 junio 2013)

En la capilla del Hospital del Niño Jesús, en Madrid,  había un acto muy especial esta mañana. La Orquesta Intercentros de Madrid ofrecía un pequeño concierto de música clásica, zarzuela y pasodobles. La directora no era Silvia Sanz. Pero, pero, pero… era una de sus violines. Con melena rubia y no morena, de nombre Blanca Castillo y con una sonrisa de oreja a oreja. Iba a cantar en varias piezas mi barítono preferido, Javier García-Lomas. La guinda de su interpretación estaba en la última de ellas, vestido él para la ocasión de chulapo ma-dri-le-ño. Un espectáculo que mis ojos y oídos no podían perderse. 

Al entrar la que escribe en la capilla descubro en un lateral a un amigo mío, con su hijo en brazos, paciente del hospital, en pijama y con la vía puesta en el brazo. Estaba a punto de ser dado de alta, pero el padre había decidido -con muy buen juicio- llevarle a que escuchara su primer concierto. A su lado me quedé, casi podíamos tocar a Rodolfo Hernández, el hombre más alto, guapo y simpático de entre los contrabajos. 

La selección de piezas no podía ser más variada. Un poco del Gloria de Vivaldi, el Vals del Emperador de Strauss, una pieza de Haendel maravillosa… hasta la España Cañí. Mi Baritoman se convirtió en Chulapoman para cantar, piropear al público y bailar un poco de chotis con la directora. Me cuentan que su voz se escuchaba perfectamente desde la calle, Menéndez Pelayo. 

chulapo2Pasamos un calor de Padre y muy Señor Mío. Pero mereció la pena. Muchísimo. Vinieron, a ratos, otros niños enfermos del Hospital. Todos aplaudían a rabiar.

 

Elena Silvela

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